Cientos de personas se congregaron desde la madrugada en busca de empleo en el frigorífico Cabaña Don Theo en la localidad de Moreno. La magnitud de la convocatoria, que superó las seis cuadras de cola, refleja la delicada situación económica y la necesidad de trabajo formal en la provincia de Buenos Aires.

– Una imagen contundente marcó la jornada del miércoles en la localidad bonaerense de Moreno: una fila de postulantes que se extendió por más de 600 metros frente a las instalaciones del frigorífico Cabaña Don Theo. La empresa había anunciado la apertura de 60 nuevos puestos de trabajo para diversos sectores de su sucursal, pero la respuesta de la comunidad superó todas las expectativas, evidenciando una profunda urgencia laboral.
Aunque la recepción de currículums estaba programada para las 11:00 de la mañana, la desesperación por asegurar un lugar hizo que los primeros interesados llegaran al sitio a las 2:00 de la madrugada. Ante la masiva concurrencia y las largas horas de espera, las autoridades de la empresa instalaron un puesto para repartir choripanes entre quienes aguardaban bajo un clima que incluyó precipitaciones temporales.
Un impacto que trasciende los perfiles profesionales Carolina Carena, dueña del establecimiento, manifestó su asombro y consternación ante la cantidad de gente: “Nos impacta mucho. Por un lado, estamos contentos porque vinieron, pero es terrible la cantidad de gente que hay”. La empresaria destacó que entre los aspirantes existe una diversidad de formación académica, señalando que personas con estudios o profesiones están dispuestas a aceptar cualquier puesto debido a la magnitud de la necesidad económica.
Historias detrás de la cifra La fila reflejó la realidad de distintos sectores etarios. Desde jóvenes de 24 años como Ezequiel y Lucas, víctimas de recientes recortes de personal, hasta adultos mayores con vasta experiencia que luchan por reinsertarse. Es el caso de Valeria, de 58 años, quien tras perder un empleo de 24 años de antigüedad y dedicarse al catering, busca recuperar la estabilidad del mercado formal: “Es muy difícil a mi edad, a pesar de la trayectoria… Trabajo desde toda la vida y me gustaría poder seguir”.
La urgencia del día a día Los testimonios recogidos en el lugar subrayan la gravedad de la crisis en los hogares. Matías Aranda y Brenda Vergara, una pareja joven con una hija, resumieron el dilema económico que enfrentan: «Tenemos que ver si comemos o compramos una garrafa, no alcanza para las dos cosas». En sintonía, Daniel Soraire, de 59 años y con experiencia en carnicería, acudió con la esperanza de obtener un ingreso que le permita sostener a su familia.
Las entrevistas laborales se extendieron hasta las 17:00 horas, en una jornada que dejó al descubierto el hambre de trabajo y la vulnerabilidad de cientos de ciudadanos que, pese a las demoras y el clima, aguardaron por una oportunidad mínima de sustento
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