En una jornada marcada por la crudeza de los números, el Ejecutivo municipal prioriza el pago de sueldos y aguinaldos en un escenario de asfixia financiera, postergando la recomposición de mayo bajo un clima de responsabilidad institucional y diálogo con los gremios.

La reciente reunión celebrada este martes 26 de mayo entre el intendente Maximiliano Suescun, la secretaria de Hacienda Florencia Miquelarena y los representantes de los gremios ATE, UPCN y el Sindicato de Trabajadores Municipales no debe leerse como un encuentro de confrontación, sino como una radiografía urgente de la vulnerabilidad fiscal que atraviesa Rauch. El término “hostil”, utilizado por la administración para definir el actual escenario económico, dejó de ser una figura retórica para convertirse en un diagnóstico tangible: la decisión de postergar la recomposición salarial de mayo es la respuesta directa a una caja municipal que opera “con lo justo” y sin ahorros previos. Es notable que, a diferencia de otros distritos, en Rauch prevalece un clima de entendimiento y responsabilidad compartida, donde los gremios han manifestado comprender la gravedad del cuadro financiero, priorizando la certeza del cobro de haberes y aguinaldo en tiempo y forma por sobre la inmediatez de nuevos aumentos.
El ejecutivo garantizó que los sueldos de mayo estarán depositados este viernes y que el medio aguinaldo se pagará a partir de mediados de junio, reflejando un esfuerzo por sostener el cumplimiento de las obligaciones básicas en un contexto de asfixia multidimensional.
Esta situación se produce tras un primer trimestre de 2026 donde la gestión logró mantener los salarios técnicamente un punto por encima de la inflación acumulada (13,5% frente a un 12,5%), una proeza contable que ahora choca con una realidad externa crítica. La caída de la coparticipación provincial, que pasó de mil millones de pesos en enero a poco más de ochocientos millones en marzo, sumada a una morosidad local en la tasa de ABLque segun la secretaria de hacienda Florencia Miquelarena supera los 800 millones de pesos, impone un realismo fiscal ineludible.
En este escenario, el desafío para la gestión de Suescun no es solo administrativo, sino político: mantener este canal de diálogo abierto y la paz social sin que la obligada austeridad —que ya puso en duda la financiación de eventos como los Juegos Bonaerenses— erosione la capacidad de respuesta de una comuna que hoy enfrenta más demandas con muchos menos recursos
