
La decisión de la UCR de La Pampa de iniciar negociaciones para construir un gran frente opositor hacia 2027 muestra que el espacio no peronista comienza a reconocer las consecuencias electorales de su propia división. Los resultados ya habían dejado señales; ahora son los propios actores políticos quienes parecen hacer la misma lectura.
La fragmentación del espacio no peronista dejó de ser solamente una categoría utilizada para analizar los resultados electorales. De manera progresiva, comienza a convertirse en un problema reconocido por sus propios protagonistas.
La reciente Convención Provincial de la Unión Cívica Radical de La Pampa ofrece una señal clara en ese sentido. Por una amplia mayoría de 78 votos contra 11 y una abstención, el radicalismo autorizó la conformación de una mesa encargada de iniciar conversaciones con otras fuerzas políticas de cara a las elecciones provinciales de 2027.
La decisión no significa que la alianza ya exista.
Tampoco define candidaturas, establece un programa común ni resuelve cómo se distribuirán los lugares dentro de una eventual coalición. Sin embargo, contiene una definición política relevante: la UCR pampeana reconoce que,
si las distintas expresiones opositoras vuelven a presentarse divididas, sus posibilidades de producir una alternancia provincial se reducen considerablemente.
La mesa negociadora quedó facultada para dialogar, sin exclusiones, con las fuerzas que compartan el propósito de impulsar un cambio político en La Pampa. Dentro de ese universo aparecen el PRO, La Libertad Avanza, Comunidad Organizada -el partido conducido por Juan Carlos Tierno- y otras fuerzas con las que el radicalismo ya construyó acuerdos anteriormente.
No será una negociación sencilla. Entre estos espacios existen diferencias ideológicas, programáticas, históricas y personales.
Sin embargo, la magnitud de la votación interna demuestra que, para una mayoría contundente del radicalismo pampeano, las consecuencias de la fragmentación comienzan a pesar más que las dificultades que supone la convergencia.
UNA SUMA QUE YA EXISTÍA.
Los resultados de las elecciones provinciales de 2023 permiten comprender la decisión.
Sergio Ziliotto fue reelegido gobernador con 97.198 votos, equivalentes al 47,66% de los votos afirmativos. Martín Berhongaray, candidato de Juntos por el Cambio, obtuvo 85.855 votos y alcanzó el 42,10%. Comunidad Organizada, encabezada por Juan Carlos Tierno, reunió otros 13.907 sufragios, el 6,82%.

Considerados de manera conjunta, Juntos por el Cambio y Comunidad Organizada representaron aproximadamente el 48,92% de los votos afirmativos, un porcentaje superior al alcanzado por el oficialismo provincial.
Naturalmente, los votos no pertenecen a los partidos ni pueden trasladarse automáticamente de una candidatura a otra.
Una alianza entre dirigentes tampoco garantiza que todos sus electorados reproduzcan esa convergencia dentro del cuarto oscuro. Pero la comparación permite advertir que el peronismo no se enfrentó a un único adversario, sino a distintas expresiones de un espacio opositor que, considerado en conjunto, tenía capacidad numérica para disputar la provincia.
La fragmentación no fue un dato secundario. Formó parte de la estructura misma de la competencia.
LA ADVERTENCIA DE 2025.
Las elecciones legislativas nacionales de 2025 ofrecieron una señal todavía más evidente.
El Frente Defendemos La Pampa obtuvo 90.500 votos. La alianza entre La Libertad Avanza y el PRO reunió 88.247, mientras que la UCR, presentada mediante Cambia La Pampa, consiguió otros 17.428 sufragios.
El peronismo ganó la elección por poco más de 2.200 votos. Sin embargo, las dos principales expresiones del espacio no peronista sumaron más de 105.000.

Nuevamente, no se trata de afirmar que todos esos votos podrían reunirse mecánicamente detrás de una misma candidatura. Tampoco corresponde trasladar de manera directa los resultados de una elección legislativa nacional a una elección provincial. Cambian las agendas, las candidaturas, los niveles de participación y los criterios utilizados por el electorado para decidir su voto.
Lo relevante es otra cosa: por segunda vez consecutiva, la división opositora permitió que el peronismo se impusiera frente a un universo no peronista que, considerado en conjunto, resultaba numéricamente mayor.
La Convención radical parece haber tomado nota.
CUANDO LOS ACTORES COMIENZAN A LEER LOS RESULTADOS.
Toda investigación electoral busca identificar regularidades que permitan explicar el comportamiento de los partidos y de los electores. Sin embargo, existe un momento especialmente significativo: aquel en el que los propios actores políticos comienzan a reconocer esas regularidades y modifican sus estrategias a partir de ellas.
Eso parece estar sucediendo en La Pampa.
El radicalismo no decidió abrir el diálogo porque hayan desaparecido sus diferencias con La Libertad Avanza o con Comunidad Organizada.
Lo hizo porque comprendió que la competencia separada puede permitirle a cada fuerza conservar su identidad y ocupar un lugar dentro de la oposición, pero difícilmente le permita conquistar el gobierno provincial.
La decisión es fundamentalmente estratégica. Busca reducir la cantidad de ofertas que compiten por un universo electoral cercano y evitar que el peronismo vuelva a beneficiarse de su dispersión.
En términos politológicos, el radicalismo intenta transformar una mayoría electoral potencial en una coalición electoral efectiva.
EL DILEMA DEL ESPACIO NO PERONISTA.
Aquí aparece una de las principales dificultades que enfrenta el no peronismo argentino. Su problema no es necesariamente la inexistencia de votos. En numerosos distritos, sus diferentes expresiones reúnen un volumen electoral suficiente para disputar el gobierno.
El problema es político, organizacional y estratégico.
El espacio contiene tradiciones muy diferentes: radicales, liberales, conservadores, desarrollistas, dirigentes territoriales y fuerzas provinciales. Pueden compartir el rechazo al peronismo o la voluntad de desplazarlo del gobierno, pero eso no significa que posean automáticamente un programa, una identidad y un liderazgo comunes.
Esta diferencia obliga a distinguir dos conceptos que frecuentemente aparecen confundidos: no peronismo y antiperonismo.
El no peronismo constituye un universo amplio y heterogéneo. Incluye actores y electores que no se identifican con el peronismo, aunque tampoco organizan necesariamente toda su posición política a partir de su rechazo. El antiperonismo, en cambio, puede funcionar como un principio de alineamiento más intenso, capaz de reducir temporalmente las diferencias entre sectores ideológicamente distintos.
La construcción del frente pampeano dependerá, en buena medida, de la posibilidad de convertir esa frontera negativa -la voluntad de desplazar al PJ- en algún tipo de acuerdo positivo acerca de cómo gobernar la provincia.
UNA LECTURA QUE COMIENZA A CONVERTIRSE EN ESTRATEGIA.
Desde el Observatorio Político de Rauch, en este espacio, venimos sosteniendo que la fragmentación del universo no peronista puede mejorar las condiciones competitivas del peronismo, incluso cuando este no incrementa significativamente su propio caudal electoral.
En nuestra columna “Peronismo, no peronismo y antiperonismo. Clivajes y decisiones” analizamos cómo esas identidades continúan organizando una parte importante de la competencia política y del comportamiento electoral. Allí también señalamos que no peronismo y antiperonismo no son categorías equivalentes, aunque pueden converger electoralmente cuando la disputa se estructura alrededor de una frontera común frente al peronismo.
La dinámica puede expresarse de una manera sencilla: el peronismo conserva un núcleo electoral relativamente estable, mientras sus adversarios distribuyen sus votos entre diferentes ofertas. De esta forma, no siempre necesita crecer para ganar. En determinadas condiciones, le alcanza con mantenerse unido frente a una oposición dividida.
LA EXPERIENCIA PAMPEANA FORTALECE ESA INTERPRETACIÓN.
Los resultados de 2023 y 2025 muestran un espacio no peronista numéricamente competitivo, pero electoralmente fragmentado.
La resolución de la UCR demuestra ahora que una parte central de ese espacio comienza a reconocer las consecuencias de esa división.
La fragmentación, por lo tanto, ya no es únicamente una hipótesis formulada desde afuera. Se está convirtiendo en un diagnóstico compartido por los actores que deben decidir cómo competir.
LA HIPÓTESIS SE FORTALECE.
La hipótesis que venimos trabajando sostiene que la fragmentación del espacio no peronista puede favorecer electoralmente al peronismo, incluso allí donde la suma de las fuerzas opositoras lo supera.
Esto no significa que el voto sea perfectamente transferible ni que cualquier alianza opositora vaya a imponerse. Significa que la cantidad y la distribución de las ofertas condicionan el resultado de la competencia.
Cuando el peronismo logra conservar una propuesta relativamente unificada y sus adversarios se dividen, puede ganar sin necesidad de ampliar considerablemente su base electoral. La dispersión del voto opositor reduce el umbral efectivo que necesita alcanzar la fuerza ubicada en primer lugar.
La Pampa ofrece una evidencia especialmente interesante porque permite observar dos momentos.
Primero, los resultados electorales muestran las consecuencias de la división. Después, los propios actores reconocen el problema y comienzan a modificar su estrategia.
Ese segundo momento es particularmente importante. Ya no estamos solamente ante una lectura académica, periodística o externa sobre lo ocurrido. El diagnóstico comienza a incorporarse al proceso de toma de decisiones de los partidos.
La contundencia de la votación radical no elimina las disidencias, pero demuestra que la necesidad de evitar una nueva dispersión posee un consenso interno considerable.
UNA PUERTA ABIERTA, NO UN RESULTADO ASEGURADO.
La construcción de un gran frente opositor todavía enfrenta obstáculos importantes. Deberá resolver quién lo conduce, cómo selecciona sus candidaturas, qué programa ofrece y hasta dónde está dispuesto a ceder cada uno de sus integrantes.
La UCR cuenta con intendencias, estructura territorial, dirigentes locales, experiencia de gestión y capacidad de fiscalización. La Libertad Avanza posee actualmente una mayor potencia electoral en el plano nacional y fue la principal fuerza opositora pampeana en 2025. El PRO puede funcionar como articulador entre ambos espacios. Comunidad Organizada conserva un caudal propio y representación legislativa, pero su incorporación provoca importantes resistencias dentro del radicalismo.
La disputa por el liderazgo será inevitable. La UCR pretende posicionar nuevamente a Martín Berhongaray, quien protagonizó la mejor elección provincial reciente de la oposición. La Libertad Avanza, por su parte, podría reclamar que su caudal electoral sea reconocido en la definición de la fórmula y de las candidaturas.
Tampoco puede descartarse que una alianza demasiado amplia provoque fugas en sus bordes. Algunos radicales pueden rechazar un acuerdo con el oficialismo nacional; algunos libertarios pueden resistirse a aceptar una conducción radical; y la incorporación de Juan Carlos Tierno puede generar nuevas tensiones.
La unidad de las dirigencias no garantiza automáticamente la unidad de los electorados.
Por eso, la Convención no cerró la discusión. La abrió.
Pero dejó una conclusión difícil de ignorar: en La Pampa, el espacio no peronista empieza a asumir que su principal debilidad puede no encontrarse en la falta de votos, sino en su incapacidad para reunirlos detrás de una alternativa común.
Los resultados ya habían dado indicios. Ahora los propios actores políticos comienzan a hacer la misma lectura.
Cuando esa interpretación se traduce en decisiones partidarias concretas, la fragmentación deja de ser solamente una explicación de lo ocurrido.
Se convierte en una variable política capaz de condicionar lo que viene.