Lo que comenzó como una desaparición en Tandil terminó en una de las situaciones más críticas que se recuerden en la región en los últimos tiempos. El parte oficial firmado por el Oficial Principal Alberto Cartasso permite reconstruir, paso a paso, una secuencia marcada por la tensión, el riesgo extremo y un desenlace que, por momentos, pareció incierto.

Todo se inició el 19 de marzo. Un día después, el 20, la Comisaría 4ª de Tandil activó una causa por averiguación de paradero: una mujer mayor de edad había desaparecido de su domicilio. Rápidamente, las sospechas se centraron en su ex pareja, un hombre que cumplía prisión domiciliaria con pulsera electrónica por causas de abuso sexual agravado y amenazas. La hipótesis era alarmante: la mujer podría haber sido llevada contra su voluntad.
La confirmación no tardó en llegar. El sujeto había roto el dispositivo de monitoreo y escapado junto a la víctima en una camioneta Ford Ranger color ladrillo. A partir de ese momento, comenzó una intensa búsqueda que involucró a distintas dependencias policiales.
El 21 de marzo apareció el primer indicio concreto: la camioneta fue hallada abandonada en jurisdicción de Lobería. Ya no había dudas: la fuga continuaba, pero ahora en otra modalidad. La pareja se desplazaba en una motocicleta, intentando evitar ser detectados.
Para el 22 de marzo, la investigación avanzó con datos clave. Se estableció que ambos circulaban en una motocicleta Kawasaki negra y que habían estado en el barrio Villa Burgos de Rauch, en la vivienda de un familiar. Vestían ropa oscura, el hombre llevaba casco multicolor, pantalón claro y alpargatas. También transportaban una mochila y una bolsa negra.
Las cámaras del Centro de Operaciones Municipal permitieron seguir el rastro: habían tomado la Ruta Provincial 30 en dirección a Tandil. Pero el giro en la historia llegaría poco después, cuando las tareas investigativas del CPR Rauch, el GTO de la Estación Comunal y la Sub DDI Las Flores lograron ubicar a ambos en un establecimiento rural, un tambo ubicado sobre la Ruta Provincial 50, a pocos kilómetros de la rotonda “Di Cándilo”.
Allí comenzó la etapa más crítica.
Con sigilo, las fuerzas de seguridad montaron un operativo encubierto y establecieron un anillo perimetral para evitar cualquier intento de fuga. Pero la situación escaló rápidamente: el hombre estaba armado con un revólver, amenazaba con quitarse la vida y, en un giro aún más peligroso, tomó como rehenes a los habitantes del lugar, una familia con menores, a quienes encerró en una habitación.
En medio de ese escenario de máxima tensión, el primer logro llegó gracias al personal policial local: tras intensas gestiones, se consiguió la liberación de la familia del tambo. Sin embargo, la situación distaba de estar resuelta. La ex pareja del agresor seguía privada de su libertad.
Se activó entonces el protocolo de crisis. Llegaron negociadores, el Grupo Halcón, efectivos del GAD de distintas ciudades, ambulancias y bomberos. Más de 60 efectivos participaron del despliegue, en una zona rural compleja, sin señal telefónica estable y con condiciones que dificultaban cualquier intervención.
Las horas pasaban y la incertidumbre crecía.
Las negociaciones se extendieron durante toda la noche y la madrugada. Cada movimiento debía ser calculado. Cada decisión, medida al extremo. El objetivo era claro: preservar la vida de la víctima.
Finalmente, este lunes a las 8:46 de la mañana, llegó el momento decisivo. En una oportunidad táctica cuidadosamente evaluada, el Grupo Halcón irrumpió y logró reducir al agresor. La mujer fue liberada sana y salva y asistida en el lugar por profesionales, incluida la psicóloga del equipo especializado.
El operativo concluyó sin heridos entre las fuerzas intervinientes y con el imputado detenido en la comisaria local de nuestra ciudad bajo la caratula privación ilegal de la libertad y tenencia de arma de fuego donde interviene la UFI 16 a cargo del fiscal Egusquiza
El caso deja al descubierto no solo la peligrosidad del episodio, sino también la complejidad de este tipo de intervenciones, donde cada minuto cuenta. Durante horas, el desenlace fue incierto. Pero esta vez, la historia terminó evitando una tragedia.
