
ENCUESTA E INTERPRETACIONES POSIBLES.
Una encuesta nacional realizada por la consultora Zuban Córdoba & Asociados muestra dos polos electoralmente competitivos, dirigentes con elevados niveles de rechazo y más de una quinta parte del electorado sin una opción definida. Cómo se realizó la encuesta, qué dicen realmente sus resultados y por qué una imagen negativa elevada no impide disputar la Presidencia.
Por Daniel D. Molina

Falta más de un año para las elecciones presidenciales de 2027. Todavía no están definidas las candidaturas, las alianzas ni las condiciones económicas y políticas en las que se desarrollará la campaña. Sin embargo, las encuestas comienzan a mostrar cómo se organiza el escenario.
El estudio de Zuban Córdoba presenta una situación tan competitiva como contradictoria: Javier Milei llega a septiembre con un 63,6 % de desaprobación de su gobierno y un 61,8 % de imagen negativa, pero continúa siendo electoralmente competitivo. Axel Kicillof encabeza los rankings de imagen positiva y potencialidad de voto, aunque también reúne un rechazo cercano al 50 %.
El peronismo y La Libertad Avanza concentran la mayor parte de las preferencias, mientras que ningún candidato ni espacio aparece en condiciones de asegurar una victoria en primera vuelta.
No estamos ante una sociedad que haya encontrado liderazgos ampliamente consensuados.
Estamos ante una competencia entre minorías intensas, identidades políticas persistentes y rechazos cruzados.
Para comprender qué dicen estos números hay que empezar por una aclaración elemental:
una encuesta de imagen no es una elección y el voto no es una encuesta de simpatía.
CÓMO FUE REALIZADA LA ENCUESTA.
El trabajo fue realizado por Zuban Córdoba entre el 16 y el 19 de septiembre de 2026. Incluyó 2.000 casos de personas mayores de 16 años y utilizó un cuestionario estructurado administrado íntegramente de manera online.
La muestra fue ponderada por género, edad, zona y voto presidencial en la primera vuelta de 2023. La consultora informa un nivel de confianza del 95 % y un margen de error de más o menos 2,19 %.
Estos elementos constituyen fortalezas importantes. El número de casos es considerable, se conocen las fechas del relevamiento y se explicitan las variables empleadas para ponderar las respuestas. Además, el estudio no se limita a preguntar por la imagen de los dirigentes: diferencia entre voto seguro, voto probable, rechazo electoral y preferencia por espacio político.
Esa distinción permite observar no solamente quién es valorado positivamente, sino también qué dirigentes poseen un núcleo propio de votantes y cuáles encuentran mayores dificultades para ampliar su apoyo.

La ficha técnica, sin embargo, no informa cómo fueron seleccionadas las personas que respondieron online. No sabemos si provinieron de un panel previamente constituido, si fueron convocadas aleatoriamente, si accedieron mediante publicidad en redes sociales o si participaron voluntariamente.
La diferencia no es menor. Una muestra de 2.000 casos puede ser amplia y, al mismo tiempo, contener sesgos si determinados grupos tienen mayores probabilidades de participar que otros. La ponderación posterior ayuda a corregir desequilibrios, pero no necesariamente elimina todas las diferencias entre quienes responden y quienes permanecen fuera del relevamiento.
También debe considerarse que la ponderación por el voto de 2023 depende del recuerdo y de la declaración de las personas consultadas. Algunos pueden recordar de manera imprecisa, evitar reconocer su voto anterior o reconstruirlo desde su posición política actual.
Esto no invalida la encuesta. Obliga a leerla correctamente. Sus resultados ofrecen una fotografía posible del momento, no un pronóstico infalible sobre lo que ocurrirá en 2027.
MILEI: MUCHA DESAPROBACIÓN Y UN PISO COMPETITIVO.
El 63,6 % de las personas consultadas desaprueba la gestión de Javier Milei, mientras que el 35,3 % la aprueba.
La evolución presentada por la consultora muestra un deterioro importante respecto de mediciones anteriores.
En el ranking personal, Milei registra un 36,1 % de imagen positiva y un 61,8 % de imagen negativa.
Sin embargo, cuando se consulta por su potencialidad electoral, el 26,6 % afirma que lo votaría con seguridad y otro 11,4 % señala que probablemente lo votaría.
Su potencialidad total alcanza así el 38 %, aunque el 59,1 % asegura que nunca lo votaría.


Los datos parecen contradictorios, pero no lo son. La imagen, la evaluación de la gestión y la intención de voto miden dimensiones diferentes.
Una persona puede desaprobar parte de un gobierno y aun así elegirlo frente a las alternativas disponibles. También puede tener una valoración negativa de un candidato, pero votar para impedir que gane otro al que rechaza todavía más.
En una elección presidencial no se vota entre una opción ideal y una opción indeseable. Se elige entre las candidaturas que efectivamente compiten. Y esa decisión puede apoyarse en la adhesión, la identidad política, el temor, el rechazo o una combinación de todas ellas.
Por eso Milei puede tener una imagen negativa superior al 60 % y continuar disputando la Presidencia. Conserva un núcleo propio cercano al 27 % que, al menos por ahora, se mantiene a pesar del deterioro de la gestión.
Ese es su piso. Su problema está en el techo.
Para entrar al balotaje puede resultar suficiente conservar un electorado intenso, disciplinado y movilizado. Para ganar la segunda vuelta, en cambio, tendría que ampliar su apoyo entre personas que hoy lo desaprueban o que manifiestan que nunca lo votarían.
KICILLOF Y LOS LÍMITES DEL LIDERAZGO OPOSITOR.
Axel Kicillof aparece como el dirigente mejor posicionado en varios indicadores. Obtiene un 45 % de imagen positiva y encabeza la potencialidad electoral con un 46,6 %.
El 29,1 % afirma que lo votaría con seguridad y otro 17,5 % probablemente lo haría. Es el dirigente con el piso electoral más alto entre los nombres evaluados.
Pero también registra un 51,3 % de imagen negativa y un 49 % de rechazo electoral.
Cristina Fernández de Kirchner alcanza una potencialidad de voto del 43,7 %, con un rechazo del 52,6 %. Myriam Bregman llega al 40,2 % y Sergio Massa al 39 %. Patricia Bullrich obtiene 37,8 % y Mauricio Macri, 32,4 %.
La mayoría de los dirigentes más conocidos combina niveles importantes de apoyo con rechazos muy elevados. La encuesta no muestra liderazgos nacionales capaces de atravesar fácilmente las fronteras políticas. Muestra dirigentes fuertes dentro de determinados sectores y resistidos fuera de ellos.



La política argentina parece organizarse menos alrededor de grandes consensos que de pisos electorales firmes y techos relativamente bajos.
Esto explica por qué alguien puede ser muy rechazado y, sin embargo, continuar siendo competitivo.
En una primera vuelta fragmentada no es necesario ser elegido por la mayoría para quedar entre los dos primeros.
La Constitución establece que una fórmula gana en primera vuelta si obtiene más del 45 % de los votos afirmativos válidamente emitidos o si alcanza al menos el 40 % y supera por más de diez puntos a la segunda. Si ninguna fórmula cumple esas condiciones, se realiza una segunda vuelta entre las dos más votadas.
El balotaje permite que un candidato rechazado por una mayoría pueda llegar a la instancia decisiva si cuenta con una minoría suficientemente grande y organizada.
DOS POLOS Y UNA FRAGMENTACIÓN DESIGUAL.
Cuando la encuesta pregunta por espacios políticos y ofrece varias alternativas, el peronismo alcanza el 34 % y La Libertad Avanza el 30,1 %. El PRO registra 5,8 %, el Frente de Izquierda 4,6 %, otras opciones reúnen 14,6 % y el 10,9 % no sabe qué votaría.
Pero la categoría “otros” contiene espacios diferentes: partidos provinciales, la UCR, una eventual fuerza vinculada con Victoria Villarruel y opciones asociadas con figuras como Daniel Hadad, Jorge Brito o Dante Gebel.
Hay aquí una asimetría que debe ser considerada. La encuesta presenta al peronismo como un espacio unificado, mientras divide al universo no peronista entre La Libertad Avanza, PRO, UCR, fuerzas provinciales y posibles expresiones emergentes.


Cuando se reducen las alternativas, el peronismo obtiene 35,9 %, La Libertad Avanza alcanza 35,1 % y el Frente de Izquierda reúne 6,4 %. La diferencia entre los dos primeros espacios queda reducida a apenas ocho décimas.
La competencia argentina vuelve a aparecer organizada alrededor de dos grandes polos: uno peronista y otro no peronista, actualmente encabezado por La Libertad Avanza.
Sin embargo, esos polos no llegan con el mismo grado de unidad. El peronismo aparece concentrado en una única categoría. El no peronismo se distribuye entre libertarios, PRO, radicalismo, partidos provinciales y dirigentes que podrían construir expresiones propias.
Esta fragmentación puede resultar decisiva.
Cuando dos electorados poseen magnitudes relativamente semejantes, el polo que consigue ordenar mejor su oferta obtiene una ventaja sobre aquel que dispersa sus votos entre varias candidaturas.
No porque todos los votantes sean iguales ni porque las alianzas garanticen una transferencia automática, sino porque las reglas electorales convierten la unidad y la fragmentación en recursos políticos.
Los votos no pertenecen a los dirigentes. Tampoco pueden sumarse mecánicamente desde una planilla. Un votante del PRO o de la UCR no necesariamente elegirá a Milei si su candidato no participa. Puede votar al peronismo, buscar otra alternativa, emitir un voto en blanco o directamente abstenerse.
Pero la dispersión inicial puede decidir quién llega al balotaje y en qué condiciones lo hace.
EL 22,6 % Y EL TERRITORIO DEL NINGUNISMO.
El dato más llamativo del escenario reducido no es solamente el empate entre los dos principales polos. También importa el 22,6 % que responde que no sabe qué espacio votaría.
Cuando disminuyen las opciones, el porcentaje de indecisos crece. Esto indica que la eliminación de candidaturas no produce una transferencia automática hacia las fuerzas principales.
Una parte de ese universo todavía no decidió. Otra puede no sentirse representada por ninguna de las opciones presentadas. Y otra probablemente elegiría algún espacio que desapareció del escenario reducido.
Es el territorio del «ningunismo».
No necesariamente se trata de una identidad política organizada ni de un tercer bloque electoral homogéneo. Allí conviven la indecisión, el desencanto, la distancia y la dificultad para encontrar una representación satisfactoria.

Sin embargo, ese 22,6 % no se encuentra fuera de la polarización. Los indecisos también poseen experiencias, preferencias, identidades y rechazos. Algunos pueden sentirse más próximos al peronismo; otros, al amplio y heterogéneo universo no peronista. Otros podrán elegir una fuerza minoritaria, votar en blanco o no participar.
La indecisión no siempre significa ausencia de posición política. Una persona puede no saber todavía a quién votará y tener perfectamente claro a quién no votaría.
Por eso es probable que, cuando llegue el momento de emitir el sufragio, una parte considerable de ese universo termine distribuyéndose siguiendo una lógica semejante a la del resto del electorado.
El ningunismo no está necesariamente fuera de los dos polos. Puede ser la expresión transitoria de ciudadanos que no encuentran una candidatura satisfactoria dentro de ellos.
Polarización y ningunismo no se excluyen. Conviven.
La primera organiza la competencia. El segundo expresa la distancia entre una parte de la sociedad y las ofertas disponibles. Pero cuando la elección se aproxima, muchos de quienes no se sienten plenamente representados terminan decidiendo dentro de los mismos polos, frecuentemente para evitar el triunfo del que más rechazan.
Los indecisos no suspenden la polarización. La llevan consigo hasta el cuarto oscuro.
PISO, TECHO Y BALOTAJE.
La encuesta de Córdoba y Zuban puede leerse a partir de tres conceptos.
El piso es el núcleo de votantes que permanece junto a un candidato incluso en los momentos adversos. Milei conserva un 26,6 % de voto seguro. Kicillof alcanza el 29,1 %. Esos valores los mantienen dentro de la competencia.
El techo está determinado por la dificultad para crecer más allá del electorado propio. Allí adquieren importancia la imagen negativa y, especialmente, la respuesta “nunca lo votaría”. Un dirigente puede llegar al balotaje gracias a su piso, pero necesitará perforar su techo para ganarlo.
La tercera variable es la fragmentación.
Si uno de los polos consigue presentarse unido y el otro divide su oferta, la distribución de candidaturas puede ser tan importante como las preferencias originales de la sociedad.
La encuesta no permite afirmar quién será presidente en 2027. Tampoco demuestra que las candidaturas finalmente serán las que hoy aparecen evaluadas. Falta demasiado y la política argentina ha demostrado que puede reorganizarse rápidamente.
Pero sí permite identificar la estructura del escenario: dos polos de magnitud semejante, dirigentes competitivos con altos niveles de rechazo y una franja considerable del electorado que todavía no encuentra una opción.
La próxima elección podría no ser ganada por el dirigente más querido ni por el que tenga la mejor imagen.
Puede ganarla quien conserve el piso más firme, logre ampliar su techo y consiga que su espacio llegue menos fragmentado.
En una elección polarizada la fragmentación no siempre cambia lo que piensa una sociedad. Pero puede decidir quién la gobierna.
Fuente principal (datos e imágenes): Zuban Córdoba & Asociados, El camino al balotaje, encuesta nacional realizada entre el 16 y el 19 de septiembre de 2026, 2.000 casos.
Fuente normativa: Constitución de la Nación Argentina, artículos 97 y 98.