
¿PUEDE ROMPERSE EL BIPARTIDISMO EN RAUCH?
Una eventual alianza entre La Libertad Avanza y el PRO no parece estar hoy en condiciones de disputar la Intendencia, pero podría modificar la composición del Concejo Deliberante. Para obtener una banca necesitaría alcanzar el cociente electoral, equivalente al 16,67% de los votos positivos si en 2027 vuelven a renovarse seis concejales. Analizamos sus posibilidades mediante 1.440.000 elecciones simuladas con tres métodos diferentes: Monte Carlo, inferencia bayesiana y bootstrap histórico. Los resultados muestran que un acuerdo entre sellos no sería suficiente. La posibilidad aparece cuando la alianza consigue reconstruir, retener y movilizar un electorado que en 2025 permaneció parcialmente desarticulado.
La pregunta es breve. La respuesta, no.
¿Pueden La Libertad Avanza y el PRO obtener una banca en el Concejo Deliberante de Rauch en 2027?
No estamos preguntando si pueden ganar la elección municipal ni disputar seriamente la Intendencia. Los antecedentes disponibles no permiten sostener hoy esa hipótesis. La pregunta es más acotada, pero políticamente relevante: si una alianza entre ambos espacios podría superar el cociente electoral e incorporar un tercer actor a una representación municipal dominada durante años por el radicalismo y el peronismo.
La respuesta depende de qué entendamos por alianza.
Si se trata solamente de reunir dos sellos, las posibilidades son muy bajas. Si el acuerdo consigue conservar el voto libertario, recuperar una parte del electorado que acompañó al PRO y movilizar a votantes que se abstuvieron en 2025, el escenario cambia.
Y cambia mucho.
Una banca que puede modificar el tablero.
En las elecciones municipales bonaerenses, las bancas no se distribuyen mediante el sistema D’Hondt. La Ley Electoral provincial establece un cociente, conocido como Hare a la bonaerense: se divide la cantidad de sufragios computables por el número de cargos que deben cubrirse. Las listas que no alcanzan ese cociente quedan sin representación.
Si en Rauch se renuevan seis bancas, el cociente equivale a una sexta parte de los votos positivos: aproximadamente el 16,67%. Los votos en blanco y anulados no forman parte del cálculo. No es un umbral colocado arbitrariamente por nuestro modelo. Surge del artículo 109 de la Ley Electoral bonaerense.
Esto produce un efecto político concreto. Una fuerza puede reunir más de mil votos, convertirse en la tercera opción y, sin embargo, no obtener representación.
En 2025, La Libertad Avanza consiguió aproximadamente el 12,5% de los votos positivos de Rauch. Fue un resultado suficiente para mostrar la existencia de un electorado propio, pero todavía distante del porcentaje necesario para ingresar un concejal.
Una futura alianza con el PRO podría reducir esa distancia. Pero no necesariamente.
Los votos de dos partidos no se suman como si fueran cifras guardadas en cajas separadas. Algunos electores acompañan el acuerdo. Otros regresan desde la abstención. Algunos permanecen en su fuerza de origen y otros rechazan la nueva combinación. También existen votantes que responden más a una candidatura local que a una identidad partidaria.
Por eso no alcanza con sumar el resultado de LLA en 2025 y una estimación del antiguo caudal del PRO. La aritmética electoral es sencilla. El comportamiento político no.
¿Bipartidismo o competencia entre dos grandes polos?
Hablar de bipartidismo en Rauch requiere una aclaración.
Durante los últimos años existieron más de dos partidos y se presentaron más de dos listas. Sin embargo, la competencia por el gobierno municipal y la representación en el Concejo se concentró principalmente alrededor de dos grandes espacios: el radicalismo y sus alianzas, por un lado; el peronismo y sus diferentes denominaciones, por el otro.
Giovanni Sartori proponía observar no solamente cuántos partidos existen, sino cuántos resultan relevantes para la competencia. Un partido es relevante cuando tiene capacidad de obtener representación, modificar las estrategias de los demás o participar en una coalición con posibilidades reales.
Desde esa perspectiva, Rauch no tiene necesariamente un bipartidismo puro. Tiene una competencia predominantemente bipolar.
La eventual llegada de un concejal de LLA–PRO no produciría de inmediato un sistema de tres partidos consolidado. Sí incorporaría un tercer actor institucional con capacidad de intervenir en votaciones, negociaciones y formación de mayorías. Sería el comienzo de una alteración del formato actual.
Por eso la pregunta del título no debe interpretarse como una conclusión anticipada. Obtener una banca no equivale por sí solo a romper el bipartidismo. Pero puede ser el primer paso para dejar de ser una tercera fuerza electoral sin representación y convertirse en un partido relevante dentro del sistema local.
La disputa por el electorado del PRO.
El PRO de Rauch no enfrenta solamente una discusión sobre alianzas. También atraviesa una disputa por su representación política y por la capacidad de movilizar a quienes acompañaron al espacio durante los años de Juntos por el Cambio.
Sandra Alonso ingresó al Concejo Deliberante por la lista de Somos Buenos Aires (a pesar de la ruptura, a nivel nacional y provincial, del espacio que dice representar con sus antiguos socios de Juntos). Vinculada políticamente, en algún momento, con el espacio de Emilio Monzó (Partido del Diálogo, ex-PRO), sostiene su identificación con el PRO y presenta parte de su actividad legislativa y política mediante un perfil en la red social Instagram denominado pro_rauch_oficial.
Durante la campaña de 2025, su posición transmitió, con distintos grados de explicitud, la idea de que el PRO continuaba formando parte del oficialismo local encabezado por el radicalismo.
Sin embargo, el partido no presentó una lista propia ni existió un pronunciamiento equivalente de sus dirigentes históricos con mayor gravitación entre los votantes del espacio. Algunos de esos referentes redujeron su exposición pública y no acompañaron activamente a ninguna de las listas.
El resultado no permite identificar individualmente qué hizo cada elector. Pero muestra algo importante: Somos perdió alrededor de 1.300 votos respecto de la elección anterior y la abstención aumentó en 1.754 personas entre 2023 y 2025.
La estrategia destinada a conservar dentro del oficialismo al conjunto de los antiguos votantes del PRO no consiguió evitar esa pérdida.
Eso no significa que los 1.754 nuevos abstencionistas pertenecieran al PRO. Tampoco que una única decisión dirigencial explique todo el cambio. Entre ambas elecciones variaron las candidaturas, la oferta partidaria, el contexto político y la fecha de los comicios. Atribuir el comportamiento de cada elector a partir de resultados agregados sería cometer lo que en investigación social se conoce como falacia ecológica.
Podemos observar que dos fenómenos ocurrieron al mismo tiempo. No podemos afirmar, sin una encuesta o un seguimiento individual, que todos los casos respondieron a la misma causa.
Frente a esa situación aparece otro sector, representado por Sergio Canales Dobal, reconocido como referente local luego de participar en encuentros con autoridades nacionales y provinciales del PRO. Su orientación plantea reconstruir el partido en Rauch, avanzar hacia una alianza con La Libertad Avanza y mantener abierta la posibilidad de incorporar otros sectores en una construcción de mayor amplitud.
Esa posibilidad encuentra como interlocutor local a Pablo Abedat, referente de LLA.
La diferencia entre ambos sectores del PRO no es solamente organizativa. Expresa dos estrategias incompatibles (por el momento. Sí, por el momento): permanecer dentro del oficialismo de Somos o construir una alternativa junto con LLA.
Pero detrás de esa discusión existe otra pregunta: quién conserva capacidad efectiva de representación sobre los votantes del espacio.
Hay dirigentes que actualmente no desarrollan una actividad pública intensa ni ocupan el centro de la escena partidaria, pero mantienen reconocimiento entre quienes históricamente acompañaron al PRO. Su eventual respaldo a una alternativa podría incidir en la capacidad de movilización de la alianza.
Esto no significa que sean propietarios de esos votos. Los dirigentes no poseen electorados. Pueden conservar confianza, ofrecer señales y facilitar la coordinación. La decisión final continúa perteneciendo a cada votante.
El modelo no adjudica votos a personas. Simula distintos niveles de retención, recuperación y movilización.
Una alianza formal no es una coalición electoral.
La teoría de la coordinación electoral ayuda a comprender el problema.
Maurice Duverger mostró que los sistemas electorales producen efectos mecánicos y psicológicos. El efecto mecánico aparece cuando las reglas convierten votos en bancas y dejan sin representación a quienes no alcanzan determinadas condiciones. El psicológico surge cuando dirigentes y electores anticipan esas reglas y modifican su comportamiento para no desperdiciar el voto.
Gary Cox desarrolló posteriormente esa idea: los partidos, candidatos y votantes procuran coordinarse alrededor de alternativas que perciben como viables.
En Rauch, el cociente electoral produce el efecto mecánico. Para obtener una de las seis bancas, una lista necesita reunir aproximadamente uno de cada seis votos positivos.
La alianza procura generar el efecto político: convencer a una cantidad suficiente de electores de que la nueva alternativa tiene posibilidades reales de alcanzar ese cociente.
Pero hay tres situaciones diferentes:
| Situación | Característica |
|---|---|
| Alianza formal | Dos partidos comparten una lista o una denominación |
| Coordinación electoral | Dirigentes y votantes reconocen una estrategia común |
| Coalición efectiva | El acuerdo conserva, moviliza y amplía sus electorados |
Una alianza formal puede existir jurídicamente y fracasar electoralmente. Incluso puede obtener menos votos que uno de sus integrantes por separado si una parte de su electorado rechaza el acuerdo.
La coalición efectiva requiere algo más difícil: conducción, organización, candidaturas aceptables, una propuesta común y capacidad territorial.
Una cosa es incorporar un sello. Otra muy distinta es reconstruir un electorado.
Cómo analizamos las posibilidades.
Para evitar que toda la conclusión dependiera de una sola técnica, aplicamos tres métodos diferentes sobre los antecedentes electorales de Rauch.
La base reúne doce elecciones municipales celebradas entre 2003 y 2025. Todas intervienen en el análisis, aunque las más recientes reciben mayor peso. LLA se modela principalmente con sus dos antecedentes locales, 2023 y 2025, porque antes no existía como oferta electoral comparable.
También incorporamos:
- La evolución del padrón.
- La participación electoral.
- La proporción de votos positivos.
- El resultado histórico de las principales fuerzas.
- La pérdida de participación registrada en 2025.
- Diferentes capacidades de retención dentro de una alianza.
- Posibles transferencias desde Somos.
- Distintos niveles de recuperación de votantes abstencionistas.
- Variaciones aleatorias destinadas a representar campañas, candidaturas y acontecimientos no incluidos expresamente.
No construimos una única predicción. Construimos escenarios.
Cada escenario fue evaluado con cuatro niveles de participación: 68%, 72%, 76% y 80%. En cada combinación se ejecutaron 20.000 elecciones.
El ejercicio completo reunió 24 configuraciones por método y 480.000 elecciones simuladas en cada uno. En total se analizaron 1.440.000 elecciones posibles.
Tres métodos para una misma pregunta.
El primer procedimiento fue una simulación de Monte Carlo.
Su funcionamiento consiste en sortear repetidamente valores plausibles para cada variable. El programa construye una elección, calcula los votos positivos, determina el porcentaje de la alianza, comprueba si alcanzó el cociente y vuelve a comenzar. La repetición permite conocer no solamente un resultado medio, sino la frecuencia con la cual cada escenario consigue una banca.
Monte Carlo resulta especialmente útil cuando intervienen varias fuentes de incertidumbre al mismo tiempo y no existe una fórmula sencilla capaz de resumirlas.
El segundo fue un modelo bayesiano predictivo.
La inferencia bayesiana comienza con información previa, incorpora nueva evidencia y produce una distribución posterior. En nuestro caso, los antecedentes históricos se combinaron con los resultados recientes mediante una estructura beta-binomial ponderada.
El modelo no pregunta únicamente cuál sería el porcentaje esperado. Calcula una distribución completa de resultados posibles y estima cuántas veces esa distribución supera el 16,67%.
Su ventaja es conceptual: obliga a expresar la incertidumbre. No supone que el valor estimado sea una certeza. Lo trata como una posibilidad rodeada por otros resultados más o menos probables.
El tercer procedimiento fue un bootstrap histórico ponderado, estratificado y suavizado.
El bootstrap no parte principalmente de una distribución teórica. Reconstruye elecciones posibles mediante un remuestreo de los antecedentes observados. En términos simples, utiliza repetidamente fragmentos de la experiencia electoral disponible para examinar cuánto cambia el resultado cuando la historia se combina de otras maneras.
El suavizado evita que la simulación se limite a copiar exactamente las elecciones anteriores, mientras que la ponderación asigna mayor importancia a los procesos recientes.
Cada método tiene fortalezas y limitaciones. Monte Carlo depende de los rangos definidos. El modelo bayesiano depende de la estructura previa y de la forma elegida para actualizarla. El bootstrap depende de una serie histórica local relativamente pequeña.
Por eso usamos los tres.
La coincidencia entre sus resultados no constituye una prueba de que el futuro vaya a comportarse de una manera determinada. Los modelos comparten datos y parte de sus supuestos. No son tres encuestas independientes.
Pero cuando procedimientos diferentes producen conclusiones semejantes, podemos afirmar que esas conclusiones muestran una mayor robustez metodológica.
Los seis escenarios.
Analizamos seis configuraciones políticas.
LLA sin acuerdo: La Libertad Avanza compite sin una incorporación efectiva del PRO.
Acuerdo formal sin reactivación: existe una alianza nominal, pero no consigue recuperar votantes abstencionistas ni sumar referentes con capacidad propia. Además, pierde una parte del voto libertario que no acompaña el entendimiento.
Reactivación limitada: el acuerdo recupera una porción moderada del electorado PRO y algunos votantes que se abstuvieron, pero permanece alrededor del cociente electoral.
Reactivación competitiva: la alianza conserva la mayor parte del voto libertario, incorpora una proporción significativa del antiguo electorado PRO y recupera abstencionistas.
Reunificación amplia: el acuerdo logra articular a la mayoría de los sectores vinculados históricamente con el PRO y ampliar su capacidad de movilización.
Recuperación cercana al máximo histórico: representa el techo de la exploración. No es un pronóstico, sino una prueba de sensibilidad destinada a observar qué ocurriría bajo condiciones excepcionalmente favorables.
Los nombres no describen personas. Describen capacidades políticas.
Cuántos votos supone cada escenario.
Las expresiones “reactivación limitada”, “competitiva” o “amplia” no son valoraciones subjetivas. Cada una representa una cantidad diferente de electores potencialmente movilizados y una capacidad distinta para conservarlos dentro de la alianza.
El modelo separa tres componentes:
- El voto de LLA que permanece dentro del acuerdo.
- El electorado históricamente relacionado con el PRO que puede regresar desde la abstención o trasladarse desde otras listas.
- Una parte del sector PRO actualmente integrado en Somos que podría acompañar la nueva alianza.
No todos los votos potencialmente activados terminan dentro de la lista. Cada escenario incorpora una tasa de retención. Una parte puede volver a abstenerse o elegir otra fuerza.
Tomando como referencia una participación del 76%, la composición media de los escenarios es la siguiente:
DE DÓNDE SURGE LA REACTIVACIÓN
| Escenario | Caudal PRO potencial | Desde la abstención | Retenido por la alianza |
|---|---|---|---|
| Reactivación limitada | 900 | 495 | 720 |
| Reactivación competitiva | 1.250 | 813 | 1.089 |
| Reunificación amplia | 1.650 | 1.239 | 1.536 |
| Máximo histórico | 1.950 | 1.533 | 1.837 |
El caudal potencial incluye electores históricamente vinculados con el PRO. No todos terminan votando a la alianza: el modelo contempla fugas hacia otras listas y hacia la abstención.
EL RESULTADO ELECTORAL DE CADA ESCENARIO
| Escenario | Votos LLA–PRO | Porcentaje | Distancia del cociente |
|---|---|---|---|
| LLA sin acuerdo | 1.112 | 11,0% | −572 votos |
| Acuerdo formal | 981 | 9,8% | −686 votos |
| Reactivación limitada | 1.631 | 15,7% | −95 votos |
| Reactivación competitiva | 2.075 | 19,3% | +289 votos |
| Reunificación amplia | 2.706 | 24,2% | +839 votos |
| Máximo histórico | 3.155 | 27,4% | +1.236 votos |
Las pequeñas diferencias entre la suma de los componentes y el resultado final se deben al componente aleatorio incorporado para representar los efectos de las candidaturas, la campaña y otros acontecimientos no observados.
Estas cifras no son mediciones actuales ni votos pertenecientes a una persona. Son parámetros utilizados para construir escenarios comparables.
En la reactivación limitada, el modelo supone un caudal potencial de aproximadamente 900 electores vinculados históricamente con el PRO. Cerca de 495 regresarían desde la abstención y el resto provendría de electorados activos. Después de considerar las posibles fugas, alrededor de 720 quedarían efectivamente dentro de la alianza.
Con esas condiciones, LLA–PRO alcanzaría aproximadamente 1.631 votos, equivalentes al 15,7% de los votos positivos. Quedaría, en promedio, cerca de cien votos por debajo del cociente.
La reactivación competitiva eleva el caudal potencial a aproximadamente 1.250 electores. Alrededor de 813 regresarían desde la abstención y cerca de 437 cambiarían desde otras opciones. Aplicada la tasa de retención, unos 1.089 votos de ese componente permanecerían dentro de la alianza.
Sumados al voto libertario retenido y a una transferencia reducida desde el sector PRO que actualmente participa en Somos, la lista alcanzaría aproximadamente 2.075 votos y el 19,3% de los positivos. Superaría el cociente por cerca de 290 votos.
Allí se encuentra la principal zona de quiebre.
El pasaje desde una reactivación limitada hacia una competitiva no exige recuperar todo el electorado histórico del PRO. Requiere que el caudal potencialmente movilizado pase de unos 900 a aproximadamente 1.250 electores y que la alianza consiga retener una proporción elevada de ellos.
Los escenarios de reunificación amplia y recuperación cercana al máximo histórico exigen condiciones mucho más favorables. Suponen activar entre 1.650 y 1.950 electores, recuperar entre 1.239 y 1.533 abstencionistas y conseguir que sectores actualmente dispersos reconozcan a la alianza como una representación común.
Por eso no deben ser interpretados como pronósticos. Funcionan como escenarios de techo.
La conclusión más relevante aparece en el centro de la tabla: con menos de mil electores potencialmente reactivados, la banca continúa siendo incierta. Cuando la capacidad de movilización se aproxima a 1.250 y la alianza conserva la mayor parte de ese caudal, el ingreso de un concejal se convierte en el resultado más frecuente de los tres modelos.
No hace falta recuperar a todos. Pero tampoco alcanza con anunciar que están juntos.
Qué muestran los resultados.
Para facilitar la comparación, tomamos como referencia central una participación del 76%. No significa que esa vaya a ser la concurrencia electoral de 2027. Es un punto intermedio que permite comparar los escenarios bajo una misma condición.
| Escenario | Monte Carlo | Bayesiano | Bootstrap |
|---|---|---|---|
| LLA sin acuerdo | 3,5% | 2,7% | 0,3% |
| Acuerdo formal sin reactivación | 0,9% | 0,8% | 0,01% |
| Reactivación limitada | 37,0% | 35,7% | 36,5% |
| Reactivación competitiva | 80,5% | 79,7% | 82,6% |
| Reunificación amplia | 99,1% | 99,3% | 99,5% |
| Recuperación cercana al máximo histórico | 99,97% | 99,99% | 100% |
Los porcentajes representan la probabilidad de superar el cociente dentro de cada escenario. No son porcentajes de votos ni una encuesta de intención electoral.
No corresponde promediar mecánicamente los tres métodos. Resulta más adecuado observar el rango en el cual coinciden.
La primera conclusión es muy fuerte: LLA compitiendo sola tendría posibilidades reducidas de ingresar un concejal. Según el método utilizado, la probabilidad se ubica entre el 0,3% y el 3,5%.
La segunda es más importante: un acuerdo formal con el PRO, pero sin capacidad para reconstruir su electorado, no mejora el resultado. En algunas simulaciones incluso lo empeora, porque una parte del voto libertario podría no acompañar la alianza y esa pérdida no sería compensada por nuevos apoyos.
La probabilidad permanece por debajo del 1%.
El escenario de reactivación limitada coloca a la alianza cerca del cociente, pero todavía del lado desfavorable. Los tres métodos sitúan sus posibilidades entre el 35,7% y el 37%.
En la simulación de Monte Carlo, ese escenario obtiene alrededor del 15,7% de los votos positivos y queda, en promedio, aproximadamente cien votos por debajo de la banca.
Es una elección abierta. Pero no una posición cómoda.
El salto aparece con la reactivación competitiva. Allí los tres procedimientos estiman una probabilidad de entre el 79,7% y el 82,6%. El porcentaje medio se aproxima al 19,3% y la alianza supera el cociente por cerca de 280 votos.
Los escenarios de reunificación amplia y recuperación cercana al máximo histórico superan el 99%. Sin embargo, deben interpretarse correctamente. No significan que la alianza tenga hoy un 99% de posibilidades de obtener una banca. Significan que, si se cumplieran los supuestos políticos exigentes de esos escenarios, casi todas las elecciones simuladas terminarían por encima del cociente.
La probabilidad es condicional.
Depende de que la alianza exista, conserve votos, reúna sectores, recupere abstencionistas y presente una oferta aceptable. Si esas condiciones no aparecen, tampoco aparece el resultado.
El punto de quiebre.
Los resultados permiten ubicar una zona de transición.
Con una reactivación limitada, la alianza queda alrededor del 15,7%. Con una reactivación competitiva alcanza aproximadamente el 19,3%. El cociente se encuentra en el medio.
Eso indica que el punto de quiebre político no está en la firma del acuerdo, sino en su capacidad de activar aproximadamente entre mil y mil cien votos potencialmente vinculados con el espacio del PRO, combinando retención histórica, transferencias y recuperación desde la abstención.
No se trata de mil votos pertenecientes a una persona. Tampoco de un bloque disponible que pueda trasladarse automáticamente.
Es una magnitud de movilización.
La eventual intervención de dirigentes con reconocimiento histórico puede contribuir a producirla. Pero también serán importantes la candidatura, la campaña, la integración de la lista, el grado de rechazo o aceptación de LLA y la relación que la alianza establezca con el oficialismo radical.
La simulación identifica la cantidad aproximada que vuelve competitivo al escenario. La política deberá construirla.
Más participación no siempre significa más posibilidades.
Uno de los resultados más interesantes contradice una intuición frecuente.
Podría pensarse que una mayor participación beneficia automáticamente a una fuerza que busca recuperar abstencionistas. No necesariamente.
Cuando aumenta la cantidad total de votos positivos, también aumenta el número de votos necesario para alcanzar el cociente. Si la alianza recupera una cantidad fija de personas, pero el resto de la participación crece con mayor rapidez, su porcentaje puede disminuir.
Esto aparece con claridad en el bootstrap histórico. En el escenario de reactivación limitada, la probabilidad de obtener la banca pasa del 45,7% con una participación del 68% al 32,4% con una participación del 80%.
En la reactivación competitiva, desciende del 89,2% al 79,1%.
No significa que la alianza necesite una elección con abstención elevada. Significa que no alcanza con aumentar la participación en términos generales. Importa quiénes regresan, qué fuerza consigue movilizarlos y cómo se distribuyen los nuevos votos.
La participación no tiene propietario.
Lo que el modelo no puede saber.
Las simulaciones no reemplazan una encuesta. Tampoco anticipan candidaturas desconocidas ni acontecimientos políticos que todavía no sucedieron.
La base local reúne doce elecciones, que constituyen toda la serie reciente disponible, pero continúan siendo una cantidad reducida. La Libertad Avanza solamente posee dos antecedentes municipales comparables.
El modelo tampoco permite afirmar que quienes se abstuvieron en 2025 votarán de una manera determinada en 2027. La abstención no es un partido político ni un reservorio homogéneo. Reúne desinterés, impedimentos, rechazo, indiferencia y decisiones políticas diferentes.
Las transferencias entre fuerzas son hipótesis. No observaciones individuales.
Tampoco podemos saber todavía qué efecto tendrán los candidatos. En elecciones municipales, el conocimiento personal, la valoración de la gestión y las redes territoriales pueden modificar considerablemente el desempeño de una lista.
Los resultados deben leerse como probabilidades condicionadas por escenarios. No como una profecía.
Ese límite no debilita el análisis. Lo vuelve intelectualmente honesto.
¿Pueden?
Sí. Una alianza entre La Libertad Avanza y el PRO puede alcanzar el cociente electoral e ingresar un concejal en Rauch.
Pero no de cualquier manera.
LLA por sí sola aparece lejos del objetivo. La incorporación nominal del PRO tampoco resuelve el problema. Si el acuerdo se limita a una fotografía, una denominación común o un reparto de lugares, sus posibilidades continúan siendo mínimas.
La banca comienza a ser probable cuando la alianza se transforma en una coalición efectiva: conserva el voto libertario, incorpora dirigentes reconocidos, reconstruye una parte del electorado PRO y recupera votantes que en 2025 no encontraron una oferta capaz de representarlos.
Ese proceso también deberá resolver la disputa interna por la representación del PRO. Un sector procura mantener su vínculo con Somos. Otro propone una convergencia con LLA y su eventual ampliación. Ambos pueden reivindicar identidades, relaciones y trayectorias. Pero será el comportamiento de los votantes el que determine cuál de las dos estrategias conserva capacidad real de representación.
Ingresar una banca no rompería automáticamente el bipartidismo local. Sí demostraría que existe un tercer espacio capaz de transformar votos en poder institucional.
Esa es la frontera que hoy separa a LLA–PRO de la representación en el Concejo.
No depende solamente de que puedan juntarse.
Depende de cómo.
Fuentes y metodología: elaboración propia sobre resultados oficiales de la Dirección Nacional Electoral y la Junta Electoral de la provincia de Buenos Aires. Ley Electoral bonaerense 5.109, artículo 109. Serie municipal de Rauch 2003–2025. Simulaciones programadas en R mediante Monte Carlo, modelo bayesiano predictivo beta-binomial y bootstrap histórico ponderado, estratificado y suavizado. Referencias conceptuales: Giovanni Sartori, Partidos y sistemas de partidos; Maurice Duverger, Los partidos políticos; Gary W. Cox, La coordinación estratégica de los sistemas electorales del mundo; Markku Laakso y Rein Taagepera, “Effective Number of Parties”.
Imagen de portada editada con IA.