Este viernes asistimos al Teatro Candilejas para presenciar “Los Discépolo”, una obra que se propone recorrer la vida y el universo creativo de los hermanos Enrique Santos Discépolo y Armando Discépolo, dos pilares fundamentales de la cultura argentina.
La puesta se apoya en una estructura que combina actuación y música en vivo, construyendo un relato sensible y bien articulado, que permite adentrarse tanto en la dimensión artística como en los vínculos personales que atravesaron a los protagonistas.
En ese recorrido, también cobra relevancia la figura de Tania, interpretada desde un lugar íntimo y emocional, aportando profundidad a la historia.Uno de los grandes aciertos del espectáculo es su dimensión musical. Las interpretaciones en vivo de Aurora Verón y Oscar Gómez elevan cada escena con versiones de clásicos como “Yira, yira”, “Cafetín de Buenos Aires” y “Uno”, entre otros, logrando momentos de gran intensidad.
A esto se suma un pasaje destacado con la interpretación de “Una furtiva lágrima”, que aporta un matiz diferente y demuestra la versatilidad de la propuesta.Pero hay un aspecto que le otorga una capa adicional de interés y vigencia: la obra también se anima a entrelazar lo político, mostrando las tensiones y diferencias ideológicas entre los hermanos Discépolo. Esa “grieta”, planteada desde lo humano y lo histórico, dialoga inevitablemente con la actualidad argentina, generando una resonancia directa con el presente.
En cuanto al equipo creativo, la dirección está a cargo de Adriana Calvar, con guion de Graciela Siciliano y la voz en off de Carlos Kohl. La producción ejecutiva y musicalización corresponden a Carlos Miguens, logrando una propuesta equilibrada y cuidada en todos sus aspectos.
“Los Discépolo”, en definitiva, una obra que combina oficio, sensibilidad y actualidad. Un espectáculo que rescata parte esencial de la identidad cultural argentina y logra interpelar tanto desde la emoción como desde lo político.