Lorena Barth, integrante de APAR, advirtió sobre las falencias técnicas de la iniciativa nacional que busca regularizar la cría comercial y la actividad de los refugios. En diálogo con Rauch News, destacó que la entidad funciona como un «parche» ante la falta de políticas de fondo y detalló el arduo trabajo diario para sostener a los 150 perros que actualmente albergan.

En el marco del debate nacional generado por el proyecto de ley que busca regular criaderos y refugios, la Asociación Protectora de Animales de Rauch (APAR) expresó su firme postura en contra de la iniciativa. Lorena Barth, quien integra la comisión de la entidad desde hace 20 años, señaló que la propuesta legislativa incurre en errores conceptuales graves al intentar equiparar la actividad de los criaderos comerciales con la labor social que realizan los refugios y hogares de tránsito.
Una postura crítica frente a la regulación del comercio animal
Desde APAR sostienen que no es viable ni corresponde unificar bajo un mismo régimen administrativo a establecimientos con fines de lucro y a organizaciones que trabajan de forma voluntaria. Barth calificó la propuesta como una «barbaridad», coincidiendo con expertos en derecho animal que señalan que el proyecto «mezcla peras con patatas» al no distinguir las naturalezas opuestas de ambas actividades.
La organización se manifiesta en contra de los criaderos, ya sean regulados o clandestinos, argumentando que la reproducción comercial de animales de raza le quita oportunidades de adopción a los miles de perros en situación de calle o abandono. «Los refugios somos como el centro de descarte de los pobres animales que la gente no quiere porque hay uno más lindo al lado o porque se reproduce», enfatizó Barth, denunciando además prácticas crueles en ciertos criaderos, como el ofrecimiento de intervenciones para cortar las cuerdas vocales de los animales.
El trabajo diario de APAR: un «parche» ante la ausencia estatal
Más allá de la controversia legislativa, la realidad cotidiana de la protectora de Rauch refleja un desafío constante por el bienestar animal. Actualmente, el refugio alberga a aproximadamente 150 perros, tras haber recibido recientemente 13 nuevos integrantes en «situación límite» de maltrato, abandono y desalojos.
La labor de la institución se sustenta bajo una estructura de colaboración mixta:
- Gestión y Personal: La protectora está integrada por 5 personas, y cuenta con el apoyo de la Municipalidad, que aporta 4 trabajadores de lunes a sábados.
- Recursos y Gastos: Mantener el refugio requiere una inversión estimada de 700.000 pesos mensuales, destinados a gastos veterinarios y forrajerías.
- Apoyo Comunitario: El sostenimiento es posible gracias a la colaboración de la Cámara Comercial, particulares y comercios locales que ayudan a costear las deudas que se generan mensualmente. Asimismo, el municipio contribuye con alimento, artículos de limpieza y servicios como luz y gas para la cocina del refugio.
Barth recordó que durante años la asociación ha cubierto el rol que debería desempeñar el Estado, realizando, por ejemplo, castraciones masivas cuando no existía un departamento de zoonosis en la ciudad. Para la referente de APAR, la lucha de décadas consiste en lograr que el Estado comprenda finalmente cuál es su rol y respete la función social de las protectoras, sin imponer normativas que consideran un retroceso en la defensa de los derechos de los animales.
