En una charla exclusiva antes de subir al escenario, la cantante cordobesa y Carlitos «Kesito» Pavón compartieron su emoción por el debut en el festival, destacaron la cercanía con las más de 10.000 personas presentes y el calor de un público que no los dejó ni dormir la siesta.
La Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra vivió una de sus jornadas más explosivas con la llegada del cuarteto cordobés. Minutos antes de desatar la fiesta sobre el escenario, Eugenia Quevedo y Carlitos «Kesito» Pavón (líder de La Banda de Carlitos) dialogaron con la prensa local sobre lo que significó este desembarco en una de las festividades más tradicionales de la provincia de Buenos Aires.
Un marco multitudinarioCon un cálculo que superó las 10.000 personas, los artistas no ocultaron su asombro por la magnitud de la convocatoria. «¡Es una banda, un montón! Una locura», exclamó Euge Quevedo, mientras que «Kesito» subrayó el excelente comportamiento de los asistentes: «Se portó bien Ayacucho, se prendieron todos».La organización del evento también fue destacada por los músicos, especialmente la disposición del escenario.
Según Quevedo, la estructura permitió romper la barrera que a veces generan los shows masivos: «Fue una buena idea armar ese pasillito para poder estar un poco más cerca y que la gente se sienta en confianza. A veces hay timidez, pero acá la pasamos increíble».Entre el asombro y el cariño del públicoAunque no es la primera vez que visitan la ciudad, sí fue el debut de la dupla en el marco oficial de la Fiesta del Ternero. La cantante confesó que estuvieron «investigando» sobre la localidad antes de llegar: «Estuvimos chusmeando en Google cuántos habitantes tenía Ayacucho. Entendemos que por ahí no es tan común que venga un artista de Córdoba, pero nos recibieron de una manera preciosa».
La anécdota de la jornada: «No me dejaron dormir»Con la simpatía que la caracteriza, Eugenia compartió una infidencia sobre su estadía previa al show. Entre risas, relató que los fans se congregaron fuera de donde se alojaban para cantar sus temas: «No me dejaron dormir la siesta, ya los reté. Se ponían a cantar todos afuera… tuvimos que bajar a sacarnos fotos para que dejen de cantar un poco», bromeó, dejando en claro que la «cuartetomanía» se instaló con fuerza en suelo ayacuchense.
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