
Análisis del politólogo, consultor y analista político marplatense Franco Della Vella.
Un 42% de los argentinos afirma no identificarse con ningún partido o espacio político. El dato, relevado por el Observatorio Pulsar de la UBA, abre una pregunta que excede a las elecciones: ¿qué está ocurriendo con los vínculos entre la ciudadanía y la política?
La política argentina enfrenta un escenario en el que una parte significativa del electorado parece haberse quedado sin pertenencia partidaria. No necesariamente sin ideas, ni sin posiciones políticas, ni mucho menos sin demandas. Pero sí sin una fuerza con la cual identificarse.
El último informe del Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires ubica ese universo en el 42% de la ciudadanía, el registro más elevado desde que el observatorio comenzó a medir el fenómeno en 2023.
Pulsar denomina a esta situación “ningunismo político”. La categoría describe a quienes no manifiestan identificación con ninguna fuerza política y atraviesa diferentes edades, géneros y niveles educativos. El mismo estudio señala que el 63% de los consultados declara tener poco o ningún interés por la política.
Pero hay una diferencia importante: no identificarse con un partido no significa necesariamente no tener una posición política.
UN ELECTORADO SIN IDENTIDAD COMÚN.
Franco Della Vella, es politólogo, consultor, investigador y analista político. Se especializa en estudios electorales, gobiernos locales y opinión pública. Actualmente, ocupa el cargo de subsecretario de Gestión Operativa de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Nos advierte que ese 42% no debe ser interpretado como un bloque electoral homogéneo.

Por el contrario, se trata de un universo muy diverso. Allí pueden convivir personas con posiciones políticas, económicas y sociales completamente diferentes. Lo único que comparten es la ausencia de una identificación partidaria definida.
Esta característica vuelve particularmente difícil anticipar qué hará ese electorado cuando llegue el momento de votar.
El “ningunismo” no constituye, al menos por ahora, una nueva fuerza política. Tampoco supone que quienes integran ese universo estén esperando una “tercera vía” para votarla en conjunto.
Es, fundamentalmente, un territorio electoral abierto.
EL CENTRO NO NECESARIAMENTE ES MODERACIÓN.
Otro dato interesante aparece cuando se observa la autopercepción ideológica.
Según Pulsar, la sociedad argentina se ubica en promedio en 5,3 puntos sobre una escala ideológica de 1 a 10, mientras que quienes no se identifican con ningún espacio se ubican en 5,1.

Fuente: Informe Pulsar
El dato podría llevar rápidamente a pensar que los “ningunistas” son moderados. Pero esa conclusión sería apresurada.
Della Vella plantea que las personas suelen definirse como de centro incluso cuando sostienen posiciones muy marcadas sobre cuestiones concretas. En parte, porque identificarse públicamente con posiciones consideradas extremas puede resultar socialmente incómodo.
Por eso, para comprender mejor este fenómeno, no alcanza con preguntar dónde se ubica una persona en una escala ideológica. También resulta necesario conocer qué piensa sobre cuestiones concretas: el rol del Estado, la economía, los impuestos, los servicios públicos o las políticas sociales, entre otras.
El “ningunismo” habla más de una crisis de identificación que de una ideología compartida.
DEL APOYO CRÍTICO AL DESENCANTO.
Dentro de este escenario aparece otra categoría que ayuda a comprender parte de la transformación del electorado: el llamado “siperismo”, concepto utilizado por el analista Pablo Knopoff para describir a quienes acompañan el rumbo general del Gobierno, pero cuestionan determinados comportamientos institucionales y reclaman mayor respeto por las reglas, la división de poderes y las normas vigentes.
Según la interpretación de Franco, una parte de esos votantes pudo haber transitado posteriormente hacia el “ningunismo” a partir de una pérdida de confianza.
No se trataría entonces simplemente de un desplazamiento desde un partido hacia otro, sino de un alejamiento más profundo: dejar de sentirse representado por las opciones disponibles. (Lo cual nos brinda un nuevo elemento para reflexionar sobre las últimas elecciones municipales en Rauch y al alto porcentaje de nuevas abstenciones que tuvieron lugar)*.
CUANDO EL BOLSILLO PESA MÁS QUE LA BATALLA CULTURAL.
Hay, además, una dimensión material que resulta difícil de ignorar.
Para el politólogo, una de las claves del desencanto se encuentra en la economía cotidiana. Los discursos políticos y la denominada “batalla cultural” pueden perder capacidad de movilización cuando las mejoras de determinados indicadores macroeconómicos no encuentran un correlato visible en la vida diaria.
El problema aparece cuando la desaceleración de la inflación no se traduce en una recuperación suficiente del poder adquisitivo, cuando el empleo no mejora de manera significativa o cuando amplios sectores de las clases medias y trabajadoras sienten que su nivel de vida continúa deteriorándose.
En ese contexto, quienes habían depositado expectativas en un cambio pueden comenzar a retirarse de la identificación política.
Pero tampoco aquí hay una explicación única.
El universo de los “ningunistas” es demasiado heterogéneo como para reducirlo exclusivamente al malestar económico.
¿QUIÉN PUEDE REPRESENTAR A QUIENES NO QUIEREN SER REPRESENTADOS?
La gran incógnita hacia 2027 es qué ocurrirá con ese 42%.
Una posibilidad es que parte de ese electorado vuelva a identificarse con alguna de las fuerzas existentes cuando la oferta electoral esté definida. Otra es que aparezcan nuevos liderazgos capaces de interpelarlo.
Ahí adquiere importancia la figura de los “outsiders”: dirigentes provenientes de ámbitos ajenos a la política tradicional —como el deporte, los medios, el empresariado o incluso el mundo religioso— que puedan presentarse como una alternativa frente a las estructuras partidarias conocidas.

Fuente: Informe Pulsar
La experiencia argentina reciente demuestra que la aparición de nuevas ofertas puede modificar rápidamente el mapa electoral.
Por eso, el “ningunismo” no debería leerse como una fotografía definitiva, sino como una reserva de votos cuyo destino todavía está abierto.
2027 NO SE DEFINIRÁ SOLAMENTE CON NOMBRES.
Hay otro elemento que puede resultar decisivo: las reglas con las que se vote.
La eventual realización o suspensión de las PASO, un posible desdoblamiento electoral en la provincia de Buenos Aires, la implementación de la Boleta Única de Papel, la posibilidad de elecciones concurrentes y el papel que desempeñen los intendentes pueden modificar significativamente la competencia.
La provincia de Buenos Aires, por su peso dentro del padrón nacional, constituye además un escenario especialmente relevante.
El modo en que se organicen las elecciones puede alterar el denominado efecto de arrastre entre las distintas categorías y niveles de gobierno.
Por eso, saber que existe un 42% de electores sin identificación partidaria no alcanza para pronosticar el resultado de 2027.
Habrá que observar quiénes serán los candidatos, cómo se configurarán las alianzas, qué temas dominarán la campaña y, fundamentalmente, qué oferta política encontrará ese electorado cuando llegue el momento de decidir.
UNA TRANSFORMACIÓN QUE VIENE DE ANTES.
El fenómeno tampoco nació de un día para el otro.
Durante buena parte de la democracia reciente, la política argentina estuvo organizada alrededor de la tensión entre peronismo y no peronismo. Con el tiempo, esa estructura comenzó a modificarse y nuevas fuerzas fueron ocupando espacios.

Fuente: Informe Pulsar
Una parte del electorado que anteriormente se identificaba con Juntos por el Cambio se desplazó hacia La Libertad Avanza, produciendo incluso zonas de superposición entre ambas bases electorales.
Después de las últimas elecciones, una porción de esos votantes volvió a quedar sin una identidad partidaria definida.
La pregunta, entonces, ya no es solamente quién puede conquistar a quienes tienen una pertenencia política, sino quién será capaz de interpretar a quienes dejaron de sentirse parte de las principales ofertas.
EL TABLERO ESTÁ ARMADO PERO NADIE MUEVE.
Della Vella utiliza una imagen del ajedrez para describir el momento político: las piezas principales ya están sobre el tablero, pero todos parecen estar esperando el movimiento del otro.
Kicillof, Cristina y Milei ocupan lugares centrales en esa partida, pero todavía no está definido cómo se ordenarán las fuerzas, qué alianzas se construirán ni qué candidaturas terminarán disputando el voto.
En ese tablero, el “ningunismo” ocupa un lugar particular.
No es un partido. No es una candidatura. No es una ideología.
Es, más bien, la expresión de una distancia creciente entre una parte de la sociedad y las estructuras políticas tradicionales.
Y allí puede encontrarse una de las claves de la próxima elección.
Porque el interrogante que deja abierto el fenómeno no es solamente a quién votarán quienes hoy no se identifican con nadie.
La pregunta más profunda es otra:
¿qué tendrá que cambiar la política para que una parte de la sociedad vuelva a sentir que vale la pena identificarse con ella?
*Añadido por el editor.