
La participación femenina creció en los espacios legislativos y en la gestión pública. Sin embargo, el acceso a los principales cargos ejecutivos continúa siendo la gran deuda de la política bonaerense. Un recorrido por los datos de Rauch, la Quinta Sección Electoral y la provincia de Buenos Aires, en la antesala del 9° Encuentro Regional Plurinacional de Mujeres y Disidencias.
Las leyes de paridad cambiaron la composición de los cuerpos legislativos. Pero los números muestran que la igualdad todavía encuentra un límite cuando se trata de conducir gobiernos. Rauch ofrece una fotografía que combina avances, contrastes y desafíos.
En Rauch, las mujeres ocupan casi la mitad de las bancas del Concejo Deliberante y son mayoría entre los cargos de gestión relevados. Pero la igualdad se vuelve mucho más lejana cuando se observa quién conduce los municipios: solo 15 de las 135 intendencias bonaerenses están encabezadas por mujeres y en la Quinta Sección Electoral no hay ninguna.
Durante mucho tiempo, la participación de las mujeres en la política fue presentada como una cuestión de presencia. La discusión parecía reducirse a una pregunta sencilla: cuántas mujeres había en las listas, en los concejos deliberantes o en las legislaturas.
Esa pregunta sigue siendo necesaria. Pero ya no alcanza.
Las leyes de cupo primero y de paridad después modificaron profundamente la integración de los cuerpos legislativos. Las mujeres dejaron de ocupar lugares excepcionales y alcanzaron una representación cercana al equilibrio en distintos niveles institucionales.
El cambio fue concreto. También difícilmente reversible.
Sin embargo, una cosa es integrar una lista, ocupar una banca o asumir la conducción de un área de gobierno. Otra, bastante distinta, es acceder a los lugares donde se define quién encabeza un proyecto político y quién ejerce la máxima autoridad ejecutiva.
Los datos muestran esa distancia con claridad.
En Rauch, cinco de las doce bancas del Concejo Deliberante están ocupadas por mujeres. Entre los 21 cargos de conducción municipal verificados para este informe, además, la presencia femenina alcanza el 57,1%. A primera vista, la fotografía local parece mostrar una participación consolidada y hasta superior a la de los varones en algunos espacios de gestión.
Pero, al ampliar la mirada aparece otro escenario.
La Cámara de Diputados y el Senado bonaerenses tienen composiciones muy próximas a la paridad. En cambio, solamente 15 mujeres conducen alguno de los 135 municipios de la provincia. En la Quinta Sección Electoral, integrada por 27 distritos, no hay actualmente una sola intendenta.
El contraste es demasiado marcado para considerarlo casual.
La representación femenina avanzó con fuerza allí donde las normas obligaron a los partidos a garantizarla. En los cargos ejecutivos, donde no existe una regla equivalente y la selección depende en mayor medida de las estructuras partidarias, los liderazgos territoriales y la competencia interna, el predominio masculino continúa siendo abrumador.
Esta nota no busca reducir el poder a una cuenta entre mujeres y varones. Los cargos no tienen todos la misma jerarquía, los espacios institucionales no distribuyen del mismo modo los recursos y una mayoría numérica no garantiza, por sí sola, una verdadera capacidad de decisión.
Pero contar sigue siendo importante.
Porque los números permiten identificar avances, exponer desigualdades y formular una pregunta que la política municipal todavía no terminó de responder:
¿Por qué, mientras las mujeres ganaron espacio en el ámbito legislativo y en las estructuras de gestión, siguen siendo una excepción al frente de los municipios?
UNA FOTOGRAFÍA DE RAUCH.
Si el debate sobre la participación de las mujeres suele desarrollarse en términos generales, los datos permiten observar cómo esa discusión se expresa en el plano local.
La composición actual del Concejo Deliberante muestra que las mujeres ocupan cinco de las doce bancas, el 41,7% del cuerpo. La cifra refleja un cambio significativo respecto de décadas anteriores, cuando la presencia femenina era excepcional y la representación política estaba dominada casi exclusivamente por varones.

No obstante, el panorama no es uniforme entre las distintas fuerzas políticas.
Somos Buenos Aires presenta una integración perfectamente equilibrada: tres mujeres y tres varones. Fuerza Patria, en cambio, tiene dos concejalas y cuatro concejales. En ambos casos, el análisis toma como referencia la composición efectiva del Concejo al momento del relevamiento.

La integración del cuerpo permite una primera observación. Rauch no alcanzó todavía la paridad, pero tampoco presenta una brecha pronunciada. La diferencia entre mujeres y varones es de apenas dos bancas, una distancia considerablemente menor a la que todavía existe en otros ámbitos del poder político.
Sin embargo, limitar el análisis al Concejo Deliberante ofrecería una imagen incompleta. La participación política no se expresa únicamente en los cargos electivos. También se construye desde la gestión cotidiana del Estado.
Allí aparece un dato que, al menos en Rauch, rompe con algunos lugares comunes.
LA GESTIÓN MUNICIPAL: UNA MAYORÍA QUE OBLIGA A MIRAR MÁS DE CERCA.
El relevamiento realizado sobre los cargos de conducción del Municipio de Rauch muestra una composición distinta a la del Concejo Deliberante. En términos porcentuales, la presencia femenina alcanza el 57,1%.

El dato es relevante porque muestra que, al menos dentro de la estructura relevada, las mujeres no aparecen relegadas a una participación secundaria. Por el contrario, son mayoría en los cargos de gestión verificados.
Pero la cifra, por sí sola, no resuelve la discusión.
No todos los cargos tienen la misma jerarquía, administran los mismos recursos ni intervienen del mismo modo en la toma de decisiones. Una mayoría numérica puede convivir con una distribución desigual del poder efectivo. Por eso, además de contar cuántas mujeres integran la estructura municipal, también importa observar qué áreas conducen, qué grado de autonomía tienen y cuál es su cercanía con el núcleo político del Ejecutivo.
Aun así, la información disponible permite afirmar algo concreto. En Rauch, la presencia femenina no se limita al Concejo Deliberante ni a los espacios de representación electoral. También ocupa un lugar importante en la administración cotidiana del Estado local.
Sin embargo, la comparación cambia cuando se pasa de los cargos de gestión a la máxima responsabilidad institucional.
Porque una cosa es conducir una secretaría, una dirección o un área municipal. Otra, muy distinta, es llegar a la intendencia. Y es allí donde la desigualdad vuelve a aparecer con toda su fuerza.
LA PARIDAD LEGISLATIVA Y EL LÍMITE DE LAS INTENDENCIAS.
Cuando la mirada se amplía hacia la provincia de Buenos Aires, el contraste se vuelve todavía más evidente.
En la Cámara de Diputados bonaerense, las mujeres ocupan 45 de las 92 bancas. En el Senado provincial son 22 sobre un total de 46. En ambos cuerpos, la representación femenina se encuentra muy cerca de la paridad.


No ocurre lo mismo con los Ejecutivos municipales.
De los 135 distritos bonaerenses, solo 15 están conducidos actualmente por mujeres. Apenas el 11,1%. Los otros 120 tienen a un varón al frente del Departamento Ejecutivo.

La diferencia es demasiado amplia para ser explicada únicamente por las preferencias del electorado. También remite a la forma en que los partidos construyen sus liderazgos, distribuyen recursos, seleccionan candidaturas y ordenan la competencia interna.
Las normas de paridad modificaron la integración de las listas legislativas. Obligaron a incorporar mujeres en posiciones competitivas y produjeron un cambio concreto en la composición de las cámaras. Pero en las intendencias de la provincia de Buenos Aires no existe una regla equivalente.
Cada fuerza presenta una sola candidatura para conducir el municipio. Y esa candidatura suele surgir de estructuras políticas donde pesan la trayectoria territorial, el control partidario, la visibilidad pública, el acceso a financiamiento y la capacidad de construir acuerdos.
Allí, los varones siguen teniendo una ventaja considerable.
Por eso, la distancia entre las legislaturas y los ejecutivos municipales no es un dato menor. Muestra que las mujeres lograron avanzar con mucha más fuerza en los espacios donde existieron reglas destinadas a garantizar su presencia que en aquellos donde la competencia quedó librada a las dinámicas tradicionales del poder partidario.
La Quinta Sección Electoral lleva esa desigualdad al extremo.

VEINTISIETE MUNICIPIOS, NINGUNA INTENDENTA.
Los 27 municipios que integran la Quinta Sección Electoral están actualmente gobernados por varones.
No hay una sola mujer ejerciendo la intendencia.

El dato atraviesa diferencias partidarias, territoriales y demográficas. La sección reúne ciudades grandes, distritos turísticos, municipios rurales y localidades del interior con trayectorias políticas muy distintas. Sin embargo, esa diversidad no se refleja en la conducción de los gobiernos locales.
Cambian los partidos. Cambian los liderazgos. Cambian las alianzas. Pero la máxima responsabilidad institucional sigue quedando en manos masculinas.
Rauch forma parte de esa realidad. Las mujeres tienen una presencia significativa en el Concejo Deliberante y son mayoría dentro de los cargos de gestión relevados. Pero, como ocurre en los otros 26 municipios de la sección, la intendencia continúa ocupada por un varón.
Ahí aparece con mayor claridad el límite del avance alcanzado.
Las mujeres participan, ocupan bancas, conducen áreas, administran políticas públicas, forman parte de la vida institucional, pero siguen siendo una excepción cuando se trata de encabezar un municipio.
La desigualdad ya no está, entonces, en la ausencia. Está en el techo.
¿UN TECHO DE CRISTAL EN LA POLÍTICA LOCAL?
En los estudios sobre género y organizaciones existe un concepto que ayuda a interpretar esta realidad: el techo de cristal.
La expresión hace referencia a aquellas barreras que no aparecen escritas en ninguna norma ni responden a una prohibición explícita, pero que, en los hechos, dificultan el acceso de las mujeres a los cargos de mayor jerarquía.
Son límites invisibles. No impiden ingresar a una organización ni desarrollar una carrera dentro de ella. El obstáculo aparece cuando llega el momento de acceder a los puestos donde se concentra el poder.

Los datos relevados para esta nota parecen describir un fenómeno de esas características.
Las mujeres ocupan el 41,7% de las bancas del Concejo Deliberante de Rauch. Son mayoría entre los cargos municipales relevados. En la Legislatura bonaerense representan prácticamente la mitad de sus integrantes. Sin embargo, cuando la mirada se dirige hacia las intendencias, la participación femenina cae abruptamente: apenas 15 de los 135 municipios de la provincia son gobernados por una mujer y, en la Quinta Sección Electoral, no hay ninguna.
No significa, necesariamente, que cada caso responda a una situación de discriminación. Tampoco alcanza para afirmar que exista una única explicación. Las trayectorias políticas son diversas y cada municipio tiene su propia dinámica.
Pero la persistencia de esa brecha invita a formular una pregunta difícil de ignorar: si las mujeres demostraron capacidad para competir electoralmente, ejercer funciones legislativas y conducir áreas de gobierno, ¿por qué siguen siendo tan pocas las que llegan a encabezar un municipio?
Responder esa pregunta implica mirar más allá de las normas electorales.
Supone analizar cómo se construyen los liderazgos, quién controla las estructuras partidarias, cómo se distribuyen los recursos de campaña, qué redes de apoyo existen y qué expectativas culturales siguen pesando sobre quienes aspiran a conducir un gobierno local.
En otras palabras, el debate ya no pasa únicamente por garantizar el ingreso de las mujeres a la política. El desafío parece estar en remover los obstáculos -muchas veces invisibles- que todavía dificultan su llegada a la máxima responsabilidad ejecutiva.
Sin embargo, los números ayudan a medir una parte de la realidad. Pero, no alcanzan para explicarla por completo.
Detrás de las estadísticas aparecen trayectorias personales, responsabilidades de cuidado, desigualdades económicas, violencias, redes de apoyo, formas de participación comunitaria y múltiples experiencias que exceden el plano institucional. En otras palabras, el acceso de las mujeres al poder es apenas una de las dimensiones de una agenda mucho más amplia.
Esa agenda tendrá un espacio de reflexión en Rauch los próximos 15 y 16 de agosto, cuando la ciudad reciba el 9° Encuentro Regional Plurinacional de Mujeres y Disidencias del Centro de la provincia de Buenos Aires.
RAUCH, SEDE DE UN DEBATE QUE EXCEDE LA POLÍTICA.

Los días 15 y 16 de agosto, Rauch será sede del 9° Encuentro Regional Plurinacional de Mujeres y Disidencias del Centro de la Provincia de Buenos Aires.
La elección de la ciudad como anfitriona no constituye únicamente un hecho organizativo. También coloca a Rauch en el centro de una conversación que atraviesa buena parte de la sociedad argentina desde hace cuatro décadas.
Los encuentros regionales forman parte de un proceso iniciado en 1986 con los Encuentros Nacionales de Mujeres, surgidos tras la recuperación democrática como espacios de participación, intercambio y construcción colectiva. Con el tiempo, esas convocatorias fueron incorporando nuevas agendas, organizaciones e identidades, reflejando los cambios que experimentó la propia sociedad argentina.
Hoy reúnen a organizaciones feministas, colectivos sociales, sindicatos, ámbitos académicos, espacios comunitarios y personas que participan desde trayectorias muy diversas. Esa heterogeneidad también estará presente en Rauch.
Durante las dos jornadas habrá paneles, talleres, rondas de intercambio, actividades culturales y una marcha. La agenda incluye temas vinculados con el trabajo, los cuidados, las ruralidades, la salud mental, las violencias, los derechos humanos, el acceso a políticas públicas, el ambiente, la comunicación, el deporte y la participación política, entre otros.
El concepto de disidencias, incorporado a la denominación del encuentro, remite a personas y colectivos cuyas identidades de género u orientaciones sexuales no se corresponden con los modelos tradicionalmente dominantes. Su inclusión refleja la ampliación de los debates sobre igualdad y derechos ocurrida en las últimas décadas.
Como ocurre con otros procesos sociales de gran escala, el movimiento feminista genera adhesiones, críticas y debates. Pero resulta difícil explicar buena parte de las transformaciones institucionales de las últimas décadas -desde la ley de cupo femenino hasta la paridad política o distintas políticas públicas en materia de género- sin considerar el papel que desempeñaron las organizaciones feministas y los movimientos sociales en la instalación de esos temas en la agenda pública.
Por eso, más allá de las distintas miradas que pueda despertar, la realización de este encuentro constituye un hecho de relevancia para Rauch. Durante dos días, la ciudad será escenario de debates que exceden ampliamente la política partidaria y que atraviesan cuestiones vinculadas con la vida cotidiana, los derechos, la participación ciudadana y las formas de organización social.
El poder nunca se distribuye de manera espontánea. Se construye, se disputa y se transforma.
Los datos muestran que las mujeres avanzaron de manera significativa en los espacios de representación y en la gestión pública. También muestran que el acceso a las máximas responsabilidades ejecutivas sigue siendo una asignatura pendiente. Quizá por eso la pregunta ya no sea si las mujeres participan de la política. La evidencia demuestra que lo hacen. La discusión pasa, cada vez más, por cómo se distribuye el poder. Y esa es una conversación que, durante los próximos días, también tendrá a Rauch como escenario.