
Las transferencias provinciales hacia los municipios bonaerenses se mantuvieron prácticamente estables durante el primer cuatrimestre de 2026. Sin embargo, ese promedio esconde diferencias profundas. Un análisis geoestadístico de los 135 partidos muestra que los municipios con aumentos y caídas similares tienden a concentrarse en determinadas regiones. Rauch consiguió una mejora real del 3,88%, aunque sin integrar ninguno de los conglomerados detectados.
El análisis espacial utiliza el período enero–abril, último corte para el que se reconstruyó una serie municipal completa y comparable. Los datos de mayo se incorporan únicamente para mostrar la evolución posterior del total provincial.
Mirada desde arriba, la situación parece estable. Entre enero y abril de 2026, la provincia de Buenos Aires transfirió casi 1,8 billones de pesos a los 135 municipios. Al descontar la inflación, el volumen total fue apenas un 0,06% inferior al del mismo período de 2025. Una diferencia mínima.
Pero el promedio provincial dice poco sobre lo que ocurrió en cada territorio.
Mientras algunos municipios registraron aumentos reales superiores al 10%, otros perdieron cerca de una décima parte de los recursos que habían recibido durante el mismo período del año anterior. La masa total prácticamente no cambió, pero sí lo hizo su distribución. Y esos cambios no se repartieron al azar.
El análisis geoestadístico realizado por el Observatorio Político de Rauch muestra que los municipios con resultados semejantes tienden a localizarse cerca unos de otros. El I de Moran -un indicador utilizado para medir la asociación espacial- alcanzó un valor de 0,311, con una significación estadística de p = 0,001. Dicho de manera más directa: bajo una distribución territorial aleatoria, un resultado de esta magnitud apareció apenas una vez cada mil permutaciones.
La conclusión no depende de una única manera de definir qué municipios son vecinos. Al repetir el cálculo considerando los cuatro y los seis partidos geográficamente más próximos, el resultado prácticamente no cambió. La concentración espacial se mantuvo.
No hubo solamente municipios que ganaron y municipios que perdieron. Hubo regiones con comportamientos comunes.
¿QUÉ SIGNIFICA GANAR Y PERDER?

La expresión requiere una precisión. En este análisis, un municipio “ganador” no es necesariamente el que recibió más dinero, sino aquel cuyas transferencias crecieron por encima de la inflación respecto del mismo período de 2025. Un municipio “perdedor” es el que recibió recursos con un poder adquisitivo inferior al del año anterior.
No se comparan, entonces, los montos absolutos recibidos por cada distrito. Se mide la evolución de cada municipio frente a sí mismo.
La Matanza recibió más de 121.000 millones de pesos durante el primer cuatrimestre. Carmen de Areco, poco más de 2.275 millones. Sin embargo, Carmen de Areco aparece entre los mayores ganadores, mientras que La Matanza sufrió una caída real del 1,3%.
Un municipio gana cuando los recursos transferidos crecen más que la inflación. Pierde cuando el aumento nominal no alcanza para conservar el poder de compra que tenía un año antes.
Esto tampoco significa que los municipios con resultados positivos hayan resuelto sus dificultades financieras. Una mejora en las transferencias provinciales puede convivir con una caída de la recaudación propia, mayores demandas sociales, incrementos salariales o la paralización de fondos nacionales. La clasificación describe una dimensión concreta. No resume por sí sola la situación fiscal completa de cada gobierno local.
Durante el primer cuatrimestre, 83 municipios aumentaron sus transferencias en términos reales y 52 recibieron recursos con menor poder adquisitivo. El promedio simple de las variaciones fue positivo, pero la suma provincial presentó una leve caída.
No hay contradicción. La caída de un punto en un municipio de gran tamaño tiene un peso presupuestario muy superior al aumento de varios puntos en un distrito pequeño. Una cifra cuenta municipios. La otra pondera el volumen de recursos movilizado por cada uno.
EL MAPA DETRÁS DEL PROMEDIO.


El conglomerado favorable más definido se extiende sobre una parte del norte y centro-norte bonaerense. Allí aparecen Chacabuco, Carmen de Areco, Pergamino, Rojas, Salto, Arrecifes y San Nicolás. Roque Pérez forma otro núcleo favorable, separado territorialmente del corredor norte.
No todos recibieron los mismos montos ni tuvieron el mismo recorrido. Lo que los vincula es un comportamiento territorial compartido: presentaron resultados superiores al promedio y estuvieron rodeados por municipios que también mostraron una evolución favorable. En la terminología del análisis espacial, forman conglomerados Alto–Alto.
En el otro extremo aparecen dos núcleos. Uno se ubica en el norte del conurbano y comprende a San Isidro, Vicente López, General San Martín, Tigre y San Miguel. El otro se encuentra sobre la costa atlántica, alrededor de Villa Gesell y General Madariaga. Son conglomerados Bajo–Bajo: municipios con resultados desfavorables dentro de regiones cuyos vecinos también tendieron a perder.
El análisis también detectó excepciones. General Lavalle aparece como un caso Alto–Bajo: tuvo una evolución positiva dentro de un entorno predominantemente desfavorable. San Antonio de Areco, Colón y San Pedro presentan la situación inversa. Sus resultados quedaron rezagados frente al desempeño de los municipios cercanos.
Rauch registró una mejora real del 3,88%, pero no integró un conglomerado estadísticamente significativo. Tuvo un resultado favorable, aunque no formó parte de una región homogénea de municipios beneficiados. Su mejora fue local antes que regional.
EL CUD EXPLICA UNA PARTE, NO TODO.

La primera explicación del mapa conduce al Coeficiente Único de Distribución. El CUD determina qué porcentaje de la masa coparticipable corresponde a cada uno de los 135 municipios.
No es una decisión que el gobernador adopte todos los meses. El coeficiente se fija anualmente mediante la fórmula establecida por la Ley 10.559. El 58% se distribuye por el régimen general, que considera población, superficie e inversa de la capacidad tributaria por habitante. Otro 37% se asigna según variables vinculadas con los servicios municipales de salud y el 5% restante por determinadas funciones sociales transferidas.
Cuando un municipio aumenta su participación, necesariamente modifica la posición relativa de los demás. La torta puede crecer o achicarse, pero los coeficientes siempre deben sumar cien.
El cruce entre el nuevo CUD y las transferencias confirma que la fórmula tuvo una influencia importante. La correlación entre ambas variaciones fue de 0,618. En un modelo bivariado simple, los cambios en el coeficiente dan cuenta de aproximadamente el 38% de la variación observada entre los municipios. Es una asociación estadística relevante, pero no una demostración causal.
Es mucho para una sola variable. También significa que casi dos terceras partes de la variación deben buscarse en otros componentes.
Los municipios integrantes de los núcleos Alto–Alto tuvieron, en promedio, un aumento real de las transferencias del 8,86% y una mejora del CUD del 2,81%. En los conglomerados Bajo–Bajo, las transferencias cayeron un 4,90% y el coeficiente se redujo, en promedio, un 2,31%.
El CUD ordenó buena parte del mapa. No lo determinó por completo.
Chacabuco ofrece el caso más claro. Su coeficiente aumentó un 15,68%, la mayor suba provincial, mientras que sus transferencias crecieron un 13,11% real. En cambio, Pergamino apenas mejoró su participación, pero recibió casi un 11% más. Salto perdió cerca de un 2% en el CUD y, aun así, sus transferencias aumentaron un 7,77%.
También ocurrió lo contrario. San Miguel aumentó su coeficiente más de un 3%, pero terminó con una caída real cercana al 2%. La mejora del CUD no alcanzó para compensar el comportamiento de los demás fondos.
En Rauch, el coeficiente pasó de 0,27287 a 0,27562, una suba aproximada del 1%. De acuerdo con la relación provincial entre ambas variables, eso permitía esperar una mejora menor que la efectivamente observada. Otros componentes contribuyeron a completar el resultado.
LA ESTABILIDAD SE CONSTRUYÓ CON FONDOS DISTINTOS.
Que las transferencias totales se hayan mantenido no significa que la principal fuente de recursos municipales conservara su valor. Ocurrió lo contrario.
La reducción fue compensada por el crecimiento de otros fondos.
La coparticipación bruta, que representó aproximadamente tres de cada cuatro pesos transferidos, cayó un 9,5% real. Pasó de un equivalente actualizado de 1,46 billones de pesos a 1,32 billones.
El Financiamiento Educativo aumentó un 112% real y pasó de 96.606 millones a 195.566 millones de pesos. La descentralización tributaria creció un 53,7%. También aumentaron, aunque en menor medida, los fondos de Fortalecimiento de Recursos Municipales, Inclusión Social y Programas Sociales.
Al mismo tiempo, los recursos provenientes de Juegos de Azar cayeron un 3,7% y el Fondo de Saneamiento Ambiental perdió un 21,4%.
La estabilidad fue el resultado de una sustitución. Cayó la fuente principal y crecieron transferencias con otra lógica, varias de ellas condicionadas a destinos específicos.
No es una diferencia menor. La coparticipación es automática y de libre disponibilidad. Los fondos educativos deben aplicarse a finalidades determinadas. Su crecimiento permite financiar obras, reparaciones, transporte escolar y otras políticas importantes, pero no reemplaza completamente el margen que ofrece la coparticipación para pagar salarios, sostener el hospital o afrontar gastos corrientes.
Dos municipios pueden mostrar el mismo aumento total y encontrarse en situaciones fiscales diferentes. Uno puede haber mejorado sus recursos de libre disponibilidad. Otro puede haber compensado la caída mediante fondos que solamente puede usar para objetivos específicos.

EL FONDO QUE EVITÓ UNA CAÍDA MAYOR.
En abril comenzó a pagarse el Fondo de Emergencia y Fortalecimiento de la Inversión Municipal. El FEFIM fue creado por la Ley 15.561 como parte de la autorización de endeudamiento provincial.
La primera cuota alcanzó los 13.010 millones de pesos. El monto equivalía a alrededor del 4% de lo transferido por coparticipación durante febrero. Al finalizar el primer cuatrimestre, los desembolsos informados rondaban los 20.000 millones. Entre abril y mayo superaron los 25.000 millones.
Su incidencia fue acotada frente al total, pero suficiente para amortiguar parte de la caída. Este dato ya corresponde al período enero–mayo: durante los primeros cinco meses del año, las transferencias disminuyeron un 2,1% real. Sin el FEFIM, la reducción habría sido cercana al 3,3%.
Una parte de la aparente estabilidad no surgió de una recuperación permanente de la recaudación ni de una mejora estructural de la coparticipación. Provino de un fondo extraordinario vinculado al endeudamiento provincial.
La primera cuota tuvo, además, una particularidad: fue distribuida utilizando el CUD de 2025. Los municipios perjudicados por el nuevo coeficiente recibieron esos recursos según su participación anterior, más favorable. Los beneficiados por el CUD 2026, en cambio, no captaron plenamente la mejora dentro de ese primer pago.
El mecanismo suavizó las diferencias. No las eliminó.
Rauch recibió 35.500.387 pesos en la primera cuota y ocupó el puesto 104 por monto absoluto. Ese ingreso representó alrededor del 0,7% de sus transferencias del cuatrimestre. Ayudó, pero no explica por sí solo la recuperación local. Incluso sin esa primera cuota, el resultado habría continuado siendo positivo.

UNA GEOGRAFÍA ECONÓMICA.
El crecimiento de la descentralización tributaria ofrece otra pista. Estos recursos compensan a los municipios por participar en la administración y recaudación de impuestos provinciales, entre ellos el Inmobiliario Rural y los Ingresos Brutos de pequeños contribuyentes.
A diferencia de la coparticipación distribuida mediante el CUD, su evolución depende en parte de la actividad económica y de la capacidad recaudatoria local.
Esto puede ayudar a entender por qué varios municipios del norte bonaerense obtuvieron resultados mejores de lo que permitía anticipar su coeficiente. Pergamino, Rojas, Salto, Carmen de Areco y Arrecifes forman parte de una región con fuerte actividad agropecuaria y, al mismo tiempo, integran el principal corredor favorable detectado.
La coincidencia no demuestra por sí sola una relación causal. Para confirmarla sería necesario contar con el detalle de la descentralización tributaria por municipio. Pero la hipótesis es consistente con el crecimiento de ese fondo y con el patrón territorial observado.
La geografía de las transferencias podría ser también la expresión de una geografía económica.
RECURSOS, RESPONSABILIDADES Y AUTONOMÍA.
La autonomía municipal suele discutirse como un problema jurídico. Pero existe otra dimensión más concreta. Un municipio puede tener competencias formales y carecer de los recursos necesarios para ejercerlas.
La autonomía no depende solamente de lo que una norma permite hacer. También depende de la capacidad para financiarlo.
Los municipios mantienen calles y caminos, intervienen en políticas sociales, sostienen establecimientos sanitarios, financian infraestructura educativa, gestionan residuos y atienden demandas que la población dirige al gobierno más cercano. Buena parte de esos servicios se financia con recursos definidos en otros niveles del Estado.
La consecuencia es una tensión permanente: los gobiernos locales son políticamente responsables ante sus vecinos por prestaciones que dependen financieramente de la Nación y la Provincia.
Cuando una calle no se arregla, falta un insumo hospitalario o una obra se demora, la demanda llega al intendente. Sin embargo, una parte sustantiva del dinero necesario puede depender de la recaudación provincial, de la coparticipación federal, de una fórmula anual o de la creación de un fondo extraordinario.
Ese desajuste entre responsabilidad política y capacidad financiera constituye uno de los problemas centrales de los gobiernos municipales.
LA SALUD TAMBIÉN DEFINE EL REPARTO.
El componente sanitario merece una atención particular. El 37% del CUD se distribuye entre los municipios que poseen establecimientos oficiales de salud, según indicadores vinculados con infraestructura, capacidad y producción sanitaria.
El sistema procura compensar a los gobiernos locales que asumieron responsabilidades costosas. Pero también convierte la información sanitaria en una variable fiscal. Las diferencias en el registro de camas, consultas, egresos o complejidad pueden modificar el coeficiente y traducirse en millones de pesos.
Si una estadística incide sobre el reparto, su producción debe ser homogénea, verificable y pública.
En Rauch, el Hospital Municipal General Eustoquio Díaz Vélez ocupa un lugar central dentro de la gestión y el presupuesto. Su actividad no solamente expresa una política sanitaria. También forma parte de las variables que inciden sobre los recursos coparticipables del distrito.
La fórmula provincial, en ese punto, se encuentra directamente con la realidad local.
EL COLOR POLÍTICO NO ALCANZA.
Entre los municipios que perdieron recursos aparecen gobiernos peronistas, radicales, macristas, libertarios y vecinalistas. Lo mismo ocurre entre los que mejoraron. Los conglomerados tampoco respetan fronteras partidarias nítidas.
Esto no vuelve irrelevante a la política. Significa que el signo del intendente, considerado de manera aislada, no explica los resultados.
Para demostrar un trato partidario sería necesario analizar específicamente las transferencias discrecionales, los convenios de obras, la asistencia del Tesoro Provincial y la parte programática de los fondos extraordinarios. La base utilizada en esta nota combina recursos sometidos a reglas diferentes y no permite atribuir el resultado final a una decisión política directa.
Las reglas automáticas tampoco son neutrales. El CUD aplica una fórmula, pero esa fórmula fue definida políticamente: selecciona variables, asigna pesos y establece qué desigualdades procura compensar.
Una cosa es afirmar que el gobernador decide cada mes beneficiar o castigar a determinados intendentes. Otra es analizar cómo las reglas fiscales y las decisiones presupuestarias producen resultados territorialmente desiguales.
La primera afirmación requiere evidencia que este análisis no encontró. La segunda está respaldada por los datos.
LO QUE EL MAPA PERMITE VER.
Los mapas suelen mostrar dónde ocurre algo. La geoestadística permite determinar si esos valores forman un patrón o son apenas una suma de casos aislados.
En este caso, la respuesta es clara. La evolución de las transferencias presentó una asociación espacial positiva y estadísticamente significativa. El patrón se mantuvo aun cuando se modificó la forma de definir la vecindad.
Parte del norte bonaerense concentró mejoras. El norte del conurbano y algunos municipios costeros formaron núcleos desfavorables. Rauch consiguió ubicarse entre los distritos con evolución positiva, aunque sin integrar un corredor regional.
La explicación no se encuentra en una sola variable. Intervinieron el CUD, la composición de los fondos, la actividad económica y los recursos extraordinarios. Tampoco aparece evidencia suficiente para reducir el mapa a una división entre oficialismo y oposición.
Lo que emerge es un problema más profundo.
Los municipios deben responder todos los días por servicios que la población considera propios del gobierno local. Pero la capacidad para sostenerlos depende, en buena medida, de recursos cuya cantidad, composición y reglas se definen fuera del territorio.
Cuando esos recursos crecen, la gestión gana margen. Cuando pierden poder adquisitivo, las consecuencias llegan a las calles, los hospitales, las escuelas, los caminos y la asistencia social.

Por eso, la discusión no es solamente cuánto recibió cada intendente.
Es qué Estado local puede construirse con esos recursos.
Y el mapa muestra que esa capacidad no es igual en toda la provincia.

METODOLOGÍA.
Se compararon las transferencias acumuladas entre enero y abril de 2026 con el mismo período de 2025, expresadas en pesos constantes de abril de 2026. La asociación espacial se estimó mediante el I de Moran global y análisis LISA local, utilizando una matriz de contigüidad tipo queen y 999 permutaciones. Los conglomerados LISA se identificaron con el criterio exploratorio convencional de significación local p < 0,05. Como prueba de robustez, el Moran global se repitió con matrices de cuatro y seis vecinos más cercanos. En los tres casos el resultado fue significativo (p = 0,001).
Fuentes: Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires, INDEC, Ley 10.559, Ley 15.561 y procesamiento propio del Observatorio Político de Rauch.